lunes, 12 de marzo de 2007

ACTUALIZACIÓN POLÍTICA Y DOCTRINARIA PARA LA TOMA DEL PODER (J. D. Perón)

La formación de los cuadros para la conducción política

Lo que necesita nuestra juventud es organizarse.

En otras palabras, las masas no valen ni por el número ni por la capacidad de sus componentes, valen por la clase de dirigentes que tienen a su frente.

De ahí la importancia de los dirigentes de conducción y de los dirigentes de encuadramiento. Los de conducción se encargan de la conducción estratégica, y los de encuadramiento de la ejecución de la lucha táctica. Pero todo esto necesita una unidad de concepción y una unidad de acción. La unidad de concepción pertenece al comando estratégico y la unidad de acción pertenece a los comandos de la lucha táctica. Así debe ser, desde un punto de vista ideal, la organización de las fuerzas. Indudablemente que de la clase de conductor que se tenga depende en gran medida el éxito a que debe aspirarse.

Conducir es un arte, como la pintura o como la escultura, que tiene su técnica y que tiene su teoría. Con la teoría y la técnica se puede hacer un buen cuadro como se puede hacer una buena escultura. Indudablemente que si se quiere hacer una "cena de Leonardo" o una "Pietá" de Miguel Ángel sería necesario Leonardo o Miguel Ángel, porque la teoría y la técnica es la parte inerte del arte, la parte vital es el artista. De manera que siendo la conducción un arte es necesario preparar a un artista, dándole una técnica y dándole una teoría. La conducción política obedece a las mismas leyes que las demás artes, como consecuencia de que es también un arte. El conductor -esto lo digo yo con gran conocimiento de causa, porque yo políticamente soy un aficionado- mi profesión es la de conductor que eso es lo que he hecho y estudiado y trabajado toda mi vida. Naturalmente que dominando el arte de la conducción es más fácil conducir que ignorándolo.

Conducir no es mandar, conducir es persuadir

Ahora, el resto depende del "óleo sagrado de Samuel’ que hayamos recibido como artistas al nacer. Conducir, no es como muchos creen, mandar. Conducir es distinto a mandar. Mandar es obligar; conducir es persuadir, y al hombre siempre es mejor persuadirlo que obligarlo.

En la conducción política ésta es una regla que no se puede romper en ningún caso. Ahora, en la conducción política hay una serie de principios que conforman, diremos así, la teoría de la conducción, de la economía de fuerzas, la sorpresa, la continuidad del esfuerzo, en fin, un sinnúmero de principios que se realizan todos sobre un núcleo central, que es el principio de la economía de fuerza que dice que no se debe ser fuerte en todas partes para vencer políticamente; es suficiente ser más fuerte en el momento y en el lugar donde se produce la decisión. Todos los demás principios obedecen a este, diremos, principio nuclear; sirven a ese principio todos los demás. Porque en esto parece que -como la organización de todas las cosas- es nuclear. Es nuclear la organización de microcosmos y es también la del macrocosmos.

El estudio y la práctica

Bueno, en esto hay una similitud, la técnica de la conducción, bueno, la técnica tiene unas variantes tremendas que se adquieren mediante el estudio, pero también mediante la práctica. Un ejemplo suele aclararlo todo, como decía Napoleón. Por ejemplo, yo en la conducción, la técnica que he empleado siempre ha sido simple. Jamás en la conducción política hay que obligar a nadie. Hay que persuadir a todo el que se pueda para que hagan las cosas sin forzar los acontecimientos; es decir, cuando yo quería que se hiciera una cosa, ya me ocupaba de que un tercero lo tomara y me viniera a consultar a mí: "¿Se puede hacer esto?". Muy bien: la idea era inicialmente mía, pero claro, en esto satisfacía muchos deseos, muchas ambiciones. Siempre he pensado en este tipo de técnica de la conducción. Yo lo digo siempre que si Dios bajara todos los días a la tierra a resolver el problema planteado entre los hombres, ya le habríamos perdido el respeto. Y no habría faltado un tonto que quisiera reemplazarlo a Dios, porque el hombre es así. Entonces hay que copiar en esto a la naturaleza, que es en la naturaleza donde está inspirada esta técnica. Lo demás, bueno, los demás procedimientos son similares a esto. En política no hay nada directo, no hay nada violento, no hay nada que llegue a forzar la voluntad de los hombres, sino a promover esa voluntad, concebirla y lanzarla. El conductor político es un hombre que hace por reflejo lo que el pueblo quiere. El recibe la inspiración del pueblo, él la ejecuta y entonces pueden tener la absoluta seguridad que lo va a realizar mejor porque los pueblos difícilmente se equivocan.

Para conducir un pueblo la primera condición es que uno haya salido del pueblo. Que sienta y piense como el pueblo. Quien se dedica a la conducción debe ser profundamente humanista. El conductor siempre trabaja para los demás. Jamás para él. Hay que vivir junto a la masa, sentir sus emociones y entonces recién se podrá unir lo técnico a lo real; lo ideal a lo empírico.

Bien, la conducción política tiene un sinnúmero de características que llevan a comprenderla. La política no se aprende, la política se comprende, y solamente comprendiéndola es como es posible realizarla racionalmente. Decía el mariscal de Sajonia que él tenía una mula que le había acompañado en más de diez campañas, pero decía que la mula no sabía nada de estrategia. Lo peor es que él pensaba que muchos de los generales, que también lo habían acompañado, sabían lo mismo; hay hombres que toda su vida han hecho política, pero nunca la han comprendido. El éxito será siempre para éste que la haya comprendido, no para el otro que pretendió aprenderla. Porque la política es una sucesión de hechos concretos, en cada uno de los cuales las circunstancias varían diametralmente, hay cosas que son semejantes y que pueden dar inspiración, pero igual no hay nada.

En política nada hay igual

De manera que la experiencia está en comprender la política para ser más sabio en todas las ocasiones y no pretender aprenderla porque sabemos que la sucesión de hechos concretos y diferentes no dan enseñanza para ninguna ejecución política. Es decir, la juventud debe saber que para poder conducir han de prepararse en esto. La conducción por "amateur" no puede ser proficua en éxito. Es necesario dominar este arte. El que quiera ser dirigente y no domine el arte de la conducción, y bueno, no va a llegar nunca lejos. Por eso es difícil encontrar hombres que sean capaces en la conducción, porque esto no se aprende de otra manera que sometiéndose a una disciplina científica, que dé los grandes conocimientos necesarios para abarcar el panorama, con una sensibilidad que es indispensable y una imaginación sin la cual no vale nada ver las cosas. Entonces con sensibilidad o imaginación, ver, base para apreciar; apreciar, base para resolver; y resolver, base para actuar.

El deber de vencer es indispensable en la conducción. Aquel conductor que no sienta el deber de vencer, difícilmente va a vencer en cualquier acción. El que quiere conducir con éxito tiene que exponerse. El que quiera éxitos mediocres, que no se exponga nunca, y si no quiere cometer ningún error lo mejor es que nunca haga nada.

Conducción estratégica y conducción táctica

¿Cuál es la misión de la conducción estratégica y cuál el de la conducción táctica y cómo se articulan, general?

Bueno, eso es muy claro. Lo estratégico toma el conjunto de las operaciones. Yo en este momento soy el conductor estratégico; tengo cuatro misiones: mantener la unidad del Movimiento; mantener la unidad de doctrina; encargarme de las relaciones internacionales y revisar las grandes decisiones tácticas, que puedan tener influencia en la situación del conjunto. El comando estratégico maneja el conjunto, sin detallar. La conducción táctica maneja la lucha en el teatro de operaciones.

Por eso yo puedo ser el conductor estratégico a quince mil kilómetros; no podría ser el conductor táctico. El conductor táctico es el Consejo Superior que está allá, dirigiendo el conjunto de las operaciones de la lucha en el propio terreno de operaciones y él debe estar conectado con todas las fuerzas que accionan en cualquiera de los lugares y en cualquiera de las formas que esta acción táctica se realiza. Táctica es la lucha directa. Estrategia es la conducción de conjunto.

¿La lucha electoral es táctica o estratégica?

Bueno, la lucha electoral es táctica. Ahora la orientación de eso lo da la estrategia. No se puede decir cuando termina la estrategia y cuando termina la táctica, están ensambladas una contra otra y muchas veces, si no hay tiempo, y es necesario, la conducción táctica toma una medida estratégica y la consulta después con el Comando. Actúa a través de las directivas que él recibe del Comando Estratégico. Pero él actúa, él es el ejecutor de las decisiones estratégicas, el ejecutor en el teatro de operaciones donde no está el conductor estratégico.

Al mismo tiempo hay varios encuadramientos tácticos, digamos...

¡Ah, sí! Hay varios. Puede haber un comando general para manejar todo cuanto es posible, pero si no es posible eso, hay varios comandos tácticos que actúan por cuerdas separada". ¿Por qué? Por ejemplo, en la situación nuestra, en la lucha táctica que hemos sostenido: lo que pasa en Córdoba debe ser manejado por un conductor de Córdoba, porque no se puede manejar a 400 o 500 kilómetros. La lucha táctica hay que manejarla encima. En Tucumán, bueno, ellos tienen una misión, están realizando su misión táctica. Táctica es la lucha directa, estrategia es la conducción del conjunto.