martes, 3 de abril de 2007

Conducción Política (J. D. Perón)

DOCTRINA, TEORIA Y FORMAS DE EJECUCION

He tenido una preocupación desde hace mucho tiempo, referente a la instauración, dentro de nuestro Movimiento, de una Escuela destinada a ir desarrollando nuestra doctrina. Las doctrinas son, generalmente, exposiciones sintéticas de grandes líneas de orientación, y representan, en sí y en su propia síntesis, solamente el enunciado de innumerables problemas; pero la solución de esos problemas, realizada por el examen analítico de los mismos, no puede formar cuerpo en esa doctrina sin que constituya toda una teoría de la doctrina misma, así como también de ese análisis surgen las formas de ejecución de esa doctrina y de esa teoría. Una doctrina sin teoría resulta incompleta; pero una doctrina y una teoría sin las formas de realizarlas, resultan inútiles; de manera que uno no ha cumplido el ciclo real e integral mientras no haya conformado e inculcado una doctrina, enseñado una teoría y establecido las formas de cumplir una y otra.

Todas las doctrinas han sufrido terribles deformaciones en el mundo, y las deformaciones doctrinarias tienden a la diversificación de los grupos que las apoyan y terminan por disociar a las comunidades que las practican. No hay doctrina en el mundo que haya escapado a este tipo de deformación, por falta de unidad de doctrina. Por eso es función de la Escuela la unificación de la doctrina, vale decir, dar unidad de doctrina a los hombres; en otras palabras, enseñar a percibir los fenómenos de una manera que es similar para todos, apreciarlos también de un mismo modo, resolverlos de igual manera y proceder en la ejecución con una técnica también similar. Eso es conseguir la unidad de doctrina, para que un peronista en Jujuy y otro en Tierra del Fuego, con el mismo problema, intuitivamente estén inclinados a realizarlo de la misma manera, a través de la operación de cualquier inteligencia, que va desde la percepción al análisis, del análisis a la síntesis, de la síntesis a una resolución y de la resolución a la ejecución.


CONDUCCION ESTRATEGICA Y CONDUCCION TACTICA

Comencemos por establecer que la conducción política tiene dos aspectos bien diferenciados ya sea que se trate de lo estratégico o de lo táctico. Lo primero comprende el conjunto. Lo táctico es la ejecución por las partes. Lo estratégico es la guerra, lo táctico es la batalla o las batallas. De esa manera es preciso comprender que aunque ambas cosas corresponden a lo mismo, pertenecen a actividades distintas. Así la táctica depende de la estrategia, y se realiza en absoluta dependencia de las finalidades fijadas por ésta.

Lo estratégico puede dirigirse y manejarse a distancia. Lo táctico debe ser conducido desde el propio teatro de operaciones. Ambas cosas resultan de las diferentes condiciones de tiempo y espacio en que se realizan las acciones, porque una cosa es concebir y ordenar, y otra muy distinta realizar.

Es dentro de este concepto general, que hay que concebir la conducción del Movimiento Peronista; la conducción estratégica en manos del Comando Superior Peronista y la conducción táctica en manos del Consejo Superior del Movimiento. El primero concibe y da instrucciones para el logro de los objetivos; el segundo se encarga de la ejecución en el propio teatro de operaciones.

Las misiones de la conducción estratégica en la dirección del conjunto del Movimiento Peronista están bien determinadas:

1. Mantener la unidad del Movimiento, imponiendo por todos los medios la Unión, Solidaridad y Organización.
2. Mantener la orientación ideológica y la unidad doctrinaria.
3. Mantener y desarrollar las relaciones internacionales del Movimiento Peronista.
4. Aprobar y revisar las resoluciones tácticas que, por su importancia, puedan tener aspectos que interesan a la conducción estratégica.


Acción estratégica y acción táctica

En toda conducción es necesario distinguir dos clases acciones. Una, de acciones que obedecen a la conducción de conjunto, lo que llamaríamos en política la conducción estratégica, o sea la conducción total. Y otra, que llamaríamos la conducción de las partes, es decir, la conducción táctica. En este sentido, aplicada la conducción a la política, la estrategia busca dominar a los adversarios de conjunto, y la conducción táctica prepara el éxito de la conducción estratégica, dominando local y parcialmente en la lucha de las partes; si la conducción táctica da éxito, prepara el éxito de la conducción estratégica. Esto es indispensable para establecer un método.


Definición de estrategia y táctica en política

¿Qué hace la estrategia en la política? Prepara las mejores condiciones generales para obtener el éxito táctico en las acciones parciales. Eso tomaremos en adelante, para entendernos, como definición de lo que es la estrategia política. Estrategia política es la serie de medidas y acciones que la conducción general establece dentro del marco total, para preparar las mejores condiciones de la lucha táctica en los lugares donde ella se realiza. Y la lucha táctica, o sea la táctica política, es la acción puesta en movimiento en los sectores de acción política para vencer en la lucha dirigida contra los adversarios. Es decir, en otras palabras, que quien hace la conducción general, el conductor, tiene por misión actuar en el campo político en forma tal que posibilite las mejores condiciones de lucha, en cada lugar que ella se realice.


Equilibrio entre la acción particular y la de conjunto

Otra cosa que hay que vigilar permanentemente, en la conducción, es que las partes se encuadren siempre en la situación de conjunto y en la acción de conjunto. Una de las cosas más comunes en la conducción política es que el que conduce en el lugar cree que el mundo gira alrededor del pueblo que dirige, y entonces no hay problema que él no subordine a la acción política que desarrolla allá en el pueblito. Cuando viene alguna cosa, la resuelve por su cuenta. No es ése el procedimiento. El que hace una conducción de su pueblito, departamento, provincia o territorio, ha de pensar siempre que va a resolver alguna cuestión de lucha política, y ha de pensar, también, si eso que él hace favorece a la acción de conjunto o no la favorece, en cuyo caso, si no está seguro, lo mejor es consultar a la acción de conjunto.


La conducción táctica no debe resolverse unilateralmente

Vale decir, que nunca, en la conducción táctica de una acción política, ha de pensarse y resolverse unilateralmente, porque así es como se rompe la unidad de acción y se actúa en fuerzas disolventes en vez de fuerzas concurrentes, que es la base del éxito en la política.

De la misma manera, en una situación estratégica falsa, el éxito en el pueblito no salva nada. ¿Qué va a hacer con que venza en el pueblito si perdemos en la República? Es una situación bien clarita: en una situación política estratégica el éxito táctico no conduce a nada.

Por esa razón, en esto hay que llevar a los hombres y a la mentalidad de los hombres que conducen, que nada ha de hacerse fuera de la situación de conjunto, porque lo que decide es esa situación de conjunto. De nada le va a valer a un peronista ser convencional en Calamuchita, si el presidente de la República fuese un conservador. Es decir, hay que servir al conjunto, en primer término, y, dentro del conjunto, actuar.


CONDUCCION POLITICA Y CONDUCCION MILITAR

En otras palabras, la conducción no es el mando por eso los generales no sirven para esto, porque los generales están acostumbrados a mandar. Son unos hombres que a los quince años son puestos al frente de una unidad y empiezan a educarse en la disciplina. Cuando tienen dieciocho años recién, empiezan a mandar; y entonces para ellos todo es mando. Luego, cuando llegan a general, les ponen tres o cuatro mil hombres a sus órdenes, les dan su grado, el código de justicia militar y el mando. Nadie dice que no. ¡Cómo va a decir que no!

En la política el asunto es otra cosa. Primero, que nadie le da los tres mil hombres; se los tiene que ganar el conductor. El grado no lo tiene, ni tampoco el código, y si manda una cosa sin sentido no le obedece nadie. Esa es una conducción muy distinta. Aquí hay que arreglárselas para que la gente haga caso y, sobre todo, tener cuidado de no ordenar nunca nada que no se pueda hacer, porque si eso se hace una vez, abre la puerta para que por ahí pasen todos los demás que no quieren hacer lo que deben o lo que conviene hacer.

La conducción política es difícil, porque es cuestión de tacto, ductilidad y aplicación consciente de las medidas de la conducción.

Si un general da una orden mal dada, lo más que le puede pasar es arrepentirse y dar una contraorden. En política, una vez que se toma una medida mala, ya no tiene arreglo. Dirán que es un torpe, un sinvergüenza, y eso nadie se lo sacará más de encima, porque no tiene el código ni un montón de cosas con que cuentan los militares.

De manera que esta conducción ha de meditarse muy profundamente, porque la disciplina con que se actúa en política es muy distinta de la militar.

Es una disciplina consciente, como lo es también la militar, pero sin rigidez; porque el militar está allí en un servicio: si es soldado, obligatorio, y si es jefe u oficial, en su profesión, de la cual él ha hecho fe para cumplirla y ha jurado realizarla con honor, disciplina y dignidad. De manera que cuando recibe una orden, buena o mala, está obligado a cumplirla, porque está en su servicio, en su obligación; pero al político si le dan una orden que no le gusta, manda al diablo al conductor y no la cumple. Es decir, que hay un grado y una forma totalmente distintos de disciplina. Es una disciplina de corazón, basada en la comprensión y en la persuasión, no en las órdenes ni en las obligaciones.


FUERZAS FAVORABLES Y DESFAVORABLES

Las fuerzas las debemos considerar divididas en dos aspectos: las fuerzas que son favorables a la acción y las que son desfavorables a la acción.

La acción política es una lucha de voluntades. ¿Cuáles obedecen a nuestra voluntad y cuáles a la voluntad contraria a la nuestra? Quiénes son peronistas y quiénes son de la "contra", diríamos nosotros. Es decir, estudiar minuciosamente esas fuerzas


LA ECONOMÍA DE FUERZAS

En la clase anterior había dejado para tratar hoy lo que se refiere a uno de los grandes principios de la conducción, quizá el más fundamental de todos: el de la economía de fuerzas. En la conducción política –que indudablemente involucra siempre fuerzas políticas- la economía de fuerzas es un sistema que permite obtener un poder concentrado en un lugar y en un momento.

La lucha política presupone una acción permanente en numerosos lugares y de regular intensidad, vale decir, una lucha distribuida en el espacio en que se actúa y en el tiempo. Tiempo y espacio; dos factores de toda acción de lucha.

El principio de la economía de fuerzas establece, como condición fundamental para vencer en la lucha política, que es necesario ser más fuerte en la acción en un momento y en un lugar, que es donde se produce la decisión. Observen ustedes que esto es toda una técnica que no obedece solamente a lucha. Es un principio casi universal y permanente en la vida.

Vale decir, que en toda acción, sea ésta de concepción en una conducción o sea del empleo mecánico de las masas populares, hay que ser siempre fuerte en un momento y en un lugar que es donde se va a producir la decisión. Ese es un gran principio, que no solamente sirve a la conducción, sino a todas las cosas en la vida. Dedicar los medios principales, atendiendo a las secundarias también con medidas y medios secundarios. ¡Principio que es de economía de fuerzas, aplicable a todos los actos de la vida!


UN SOLO OBJETIVO

Hay algunos que quieren dos, tres, cinco, diez, veinte cosas; y terminan por no alcanzar ninguna. Como pasa con los que corren detrás de cuatro liebres. No agarran ninguna. El que corre detrás de una: ése sí suele alcanzarla.

Es inútil: en la conducción sucede lo mismo que con el que va detrás de veinte objetivos, y que no llega a ninguno. Todo el que va detrás de un objetivo lo alcanza siempre. Aunque vaya despacio; mientras los que van detrás de los veinte siguen corriendo, éste toma por otro lado y llega. Llega. En esto hay que tener un objetivo, no veinte para no lograrlo.

Hay que tener la habilidad de lograr que ese objetivo que uno alcance sea el principal, el que lo lleve al éxito en todos los demás objetivos. Porque en la vida, como en la conducción política, siempre hay un objetivo que es el principal, y veinte objetivos que son los secundarios. Algunos son vistosos, porque Dios ha sido ingenioso en esto: ha hecho las cosas lindas, grandes, para que les gusten a todos.

Pero eso no es lo importante: a lo mejor lo chico es lo más importante. Pero Dios ha disfrazado lo otro para que el que lo vea se vaya de boca. Pero éste es un objetivo secundario. Y cuando lo alcanza, el que ha corrido tras él, dice: "¿Pero, era esto?" Y recién se da cuenta. Recién, como decimos nosotros, cuando desata el paquete se da cuenta de lo que hay dentro.

En cambio, muchas veces, el que ha sabido elegir profundamente y ve el objetivo allá, lejano, quizá sin apariencias, cuando llegue y lo alcanza, dice: "Había sido mucho mejor de lo que yo imaginé". Ese es el que acierta, el que va al objetivo principal, porque es el objetivo principal el que le da posesión de todos los resultados.


ABANDONAR LOS OBJETIVOS SECUNDARIOS

La conducción política le presenta a uno un tipo diremos, de armado, con un sinnúmero de objetivos; uno es el fundamental, que, alcanzado, hace caer a todos los demás; los otros son secundarios. Por eso siempre decimos, en la conducción: al objetivo principal, con todo; a los secundarios, con nada, abandonándolos, que cuando cae aquél, caen todos los demás.

La habilidad del conductor está en saber elegir ése, porque la naturaleza pone muy bonitos a los otros, quizá muy modesto al que vale, como pasa en todas las cosas de la vida: no es lo más pomposo, lustroso y brillante, aquello que uno debe perseguir; por eso, el hombre lleva la propia penitencia en el pecado. Cuando uno se va de boca, hay que ver las "ensartadas" que tiene; en cambio, cuando busca lo sólido, aunque no sea aparente, quizá llegue al objetivo que culmina su vida.


CONCENTRACION DE ESFUERZOS

Si en la concepción son las ideas, en la ejecución son las medidas, son las acciones, es decir, que a ese objetivo que uno ha determinado congruentemente en la concepción, hay que ponerle todas las fuerzas que marchen hacia él, porque si uno pone la mitad de la fuerza para un lado y la otra mitad para otro, el esfuerzo se divide. Si el esfuerzo es divergente en vez de convergente, ninguna de las fuerzas encaminadas al objetivo va a llegar.

Es decir, que se trata de una concentración de esfuerzos, no de una diseminación de esfuerzos. Esa es la acción de la conducción y la unidad de acción presupone eso. Lo cual significa que no debe haber fuerzas en divergencia sino en convergencia y que la congruencia en la idea debe ser seguida por la congruencia en la acción.


LUGARES Y MOMENTOS PRINCIPALES Y SECUNDARIOS

Decía que la lucha política se desarrolla en un inmenso campo que comprende el espacio y el tiempo. En el espacio hay lugares donde predomina la importancia de una decisión favorable, y en el tiempo existen momentos en que es necesario ganar una cosa. Hay, en lo referente al espacio, lugares principales y lugares secundarios de la lucha; y en el tiempo hay momentos secundarios y momentos principales o fundamentales de la lucha. El principio de la economía de fuerzas consiste en ser más fuerte, vale decir, en dominar la situación política en un lugar y en un momento: en el lugar donde sea más decisiva y más principal.


VENCER EN EL LUGAR Y EN EL MOMENTO OPORTUNOS

Hay algunos que se gastan en un momento que no tiene ninguna importancia para ellos; otros, que se dedican a un lugar que es secundario y que olvidan otro que es principal. En consecuencia, como arremeten en ese lugar y fracasan en el otro, pierden. Ese es el principio de la economía de fuerzas; vale decir, es un sistema o un método de acción que permite vencer en el lugar decisivo y en el momento decisivo y oportuno. De este principio, como en todas las cosas, porque en la conducción política priva el principio de la economía de fuerzas, pero en todas sus formas y en todos los casos.

Se dice: hay que ganar la calle. Pero si nosotros empleáramos a nuestros partidarios en ganar la calle, tendríamos que tener a todos los peronistas durante toda la vida en la calle, porque en cualquier momento pueden aparecer nuestros adversarios copándonos la calle. No se puede proceder así. La calle hay que tomarla de otra manera. Hay que coparla donde interesa y cuando interesa. Si vencemos allí en ese momento, nos hemos ahorrado todo un inmenso desgaste de fuerzas, de actividad, de tiempo.


PEGAR CUANDO DUELE Y DONDE DUELE

Seguros de la victoria, en lo único en que no hay que equivocarse es en el golpe. Hay que darlo en el momento oportuno y en el lugar oportuno, para que rinda sus efectos.

Yo siempre digo, para encauzar a mis colaboradores dentro del principio de la economía de fuerzas: no hay que pegar todos los días. Hay que pegar cuando duele y donde duele. Es lógico. Es el principio de la economía de fuerzas en la lucha. ¿Para qué estar pegando todos los días? Al final el adversario no siente los golpes. Hay que esperar el momento, hay que elegir el lugar y hay que dar el golpe entonces. Pegar cuando duele y donde duele. Es una cuestión de tiempo y de lugar.

[…] Hay que hacer un plan que asegure dónde duele y cuándo duele, para proceder entonces y no en cualquier otro momento.

Si resolvemos emprender una acción ofensiva contra nuestros adversarios políticos y para ello nos dividimos, dispersándonos por toda la República, vamos a ser débiles en todas partes. Debemos analizar el panorama y decir: ¿para qué vamos a pegar en Tucumán, si allí, una vez, divididos los peronistas, ganamos la mayoría y la minoría? ¿Para qué vamos a realizar ofensivas en La Rioja o en Catamarca? Pero hay otros puntos que son neurálgicos.


TEORIA DE LOS CENTROS DE GRAVEDAD

El empleo de la fuerza política no es un empleo mecánico, sino un empleo inteligente; no es una asignación arbitraria y discrecional, sino una dosificación perfecta de las fuerzas. No hay que poner ni un gramo de fuerza más donde no es necesaria, para poder concentrar todo el peso de la acción en un momento y en un lugar. A ese lugar y a ese momento los llamaremos, en este método a aplicar, el centro de gravedad.

Toda acción tiene un centro de gravedad. El centro de gravedad de la acción política es el lugar o el objetivo principal en el momento decisivo. Allí hay que concentrar las fuerzas. En la distribución de las fuerzas, de los medios, de las medidas y de las acciones hay que hacer que toda la fuerza política se concentre en ese lugar y en ese momento, constituyendo allí el centro de gravedad de nuestra acción. Esto conforma una teoría del empleo de las fuerzas.

Es decir, que cuando se realiza la aplicación del principio de la economía de las fuerzas en la acción política, es necesario establecer, como teoría del centro de gravedad, que para poder destinar a los lugares decisivos y en los momentos decisivos toda la fuerza de nuestra acción política es preciso no perder ningún hombre en lugares donde no es decisivo.

Nunca se es suficientemente fuerte allí donde uno busca la decisión, y es preferible ser batido políticamente en los lugares secundarios, con tal que sepamos vencer en los lugares decisivos. ¿Qué nos importaría perder una elección en otras provincias, si ganamos en las más pobladas, donde está el núcleo principal?


LA PERSEVERANCIA EN LA ACCION

Vale decir, no es estar siempre accionando, como algunos pueden creer. No; la continuidad de acción es accionar siempre hacia el objetivo, como las agujas de una brújula, que pasan frente a una masa magnética, se desvían, pero tan pronto no sientan la influencia de la masa, vuelven a marcar otra vez el Norte. Es decir, ante cualquier influencia que lo saque a uno de la idea primitiva, una vez que desaparece se vuelve a la idea primitiva, para asegurar así la continuidad en la acción, inicial. Esa perseverancia en la acción es uno de los grandes principios de la conducción, para evitar que uno sea desviado del objetivo y abandone el objetivo fundamental, que es el trazado, para desgastarse en un objetivo secundario, perdiendo la vista del conjunto y perdiendo también la marcha original del propio plan.

Esta continuidad en el esfuerzo, vale decir, la perseverancia en la acción racional, es decir, el cumplimiento de un plan que establece el camino entre la situación y el objetivo que hay que lograr, permite esa marcha entre la situación actual, que es el punto de partida, y el objetivo, que es el punto de llegada.

En la marcha más o menos accidentada según sean los hechos que se produzcan durante ella, la continuidad asegura que uno, partiendo del punto base o inicial del plan, pueda alcanzar el objetivo, en más o menos tiempo, en peores o mejores condiciones, con más o menos lucha en el camino; pero llega, tarde o temprano, al objetivo que persigue. Eso es la continuidad en el esfuerzo, eso es lo que hay que trazarse como una cosa inviolable de la conducción. Sin eso, no se va lejos nunca en la conducción.

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