domingo, 16 de marzo de 2008

El largo viaje hacia el PJ (Nicolás Casullo, Página 12, domingo 16 de marzo de 2008)

¿Sirven las historias para seguir pensándonos como comunidad? ¿O todo se reduce a la novedad de la noticia? Respecto a la reorganización del Partido Justicialista que emprendió el kirchnerismo, poco se ha reflexionado sobre el complejo significado que tuvo en el peronismo esta relación con su propio organismo partidario. Cómo se pensó por ejemplo está relación en 1946, en 1955, durante la extensa resistencia, o en el tiempo camporista del ‘73. Relación clave y a la vez fallida (en aquel pasado previo a nuestro último cuarto de siglo) frente a la siempre reverenciada dimensión del movimiento nacional.

El partido que vuelve a la primera plana de los diarios al calor de las actividades diarias de Néstor Kirchner tiene un largo atrás polémico. Con debates cruciales sobre sus quilates en distintas encrucijadas, que no son para nada sin embargo un “tiempo que ha sido”. Como toda tradición, o memoria, resultan “astillas del pasado” de una crónica que hoy se hacen presentes de manera invisible. Que hablan desde sus fantasmas danzando por detrás, con 60 años de teorías y ensambles laboristas, populistas, sindicalistas, reformistas o revolucionarios que pensaron, desde 1945, qué partido para qué peronismo.

Pero no hay tiempos argentinos iguales entre sí. El justicialismo es hijo hoy de un presente donde la cuestión del partido asume características inéditas, en cuanto a necesidades y formas representativas para una democracia asentada nacionalmente. Y en un Occidente que discute, post siglo XX, esto mismo: qué nuevos dispositivos de masas para la política y sus crisis.

Ahora comienzan a leerse solicitadas, documentos y correos electrónicos de militantes y sectores sobre el Partido Justicialista, textos que hablan de “derechas”, “izquierdas”, adentro y afuera, puestos y luchas, militantes y jetones, renovación, retroceso o modernización, aliados y convidados de piedra, organigrama cerrado o espacio popular abierto. Como si aquella extensa historia del “partido” removiese su esqueleto, intentando alcanzar ahora la figura que le piden los nuevos vientos.

Del lado periodístico sobre “el asunto PJ” prima hoy la noticia como boom anecdótico, como información bastante iletrada al respecto, comentarios opositores de descrédito, a lo que se suma el habitual silencio kirchnerista en cuanto a no fecundar políticamente sus propias operatorias para un mundo medio que suele rechazar, por opaco, casi todo obrar “peronista”, y para una época en general que adolece de un profundo déficit narrativo en cuanto a desconsiderar contenidos y sentidos de la política.

El súbito Partido

Sobre fondo de la relación Secretaría de Trabajo-sindicatos, y de la jornada de octubre del ‘45, se constituyó la fuerza política que triunfará en las elecciones presidenciales de febrero de 1946. Perón alentó y dio forma, a dedo limpio y en 10 semanas, la reunión del bisoño Partido Laborista, la Cruzada Renovadora del Radicalismo que nucleaba sectores críticos de la última década radical, el Forjismo proveniente del yrigoyenismo antiimperialista que se disolvió en las entrañas de la nueva criatura política, grupos independientes del socialismo y candidatos de la Alianza Libertadora Nacionalista.

Este tinglado “partidario” pasará a ser un arma electoral menor, para Perón, en relación al vigor del movimiento nacional que el líder pensó en sedes fabriles sindicalizadas y en las calles repetidas de octubre. La disparidad se hará notar inmediatamente desde el mismo criterio de Perón, en lo que hace a su idea de relación entre clase obrera y política. Pese al éxito en las urnas, el caudillo rechazó un laborismo a la usanza inglesa (partido sindical) para apostar a un movimiento social y político que trascendiese “la politiquería partidaria” infeccionando al obrero (Perón dixit). Un modelo democrático popular abierto abajo, bajo cuadrícula esencialmente sociogremial.

El peronismo post-electoral va a apuntar a una horma de corte vertical en su mando, pero ampliamente inclusora de bases sociales diversas (no clasista). Perón llama a disolver los nucleamientos políticos que conformaron el triunfo del ‘46, y ya para diciembre de 1947 funda el Partido Justicialista con sus obedientes “ramas”, no con sus “alas” diversas. Criatura que devendrá peronismo a secas. El Movimiento será la organización histórica.

Enfrentar al conjunto de todos los partidos políticos de derecha a izquierda (Unión Democrática) con un dispositivo armado entre gallos y medianoche en 60 días, gestó una genética peronista desde donde se leyeron ideológicamente las cosas de la siguiente manera: 1) Su historia provenía “de afuera” del sistema democrático liberal, historia que en pleno 1945 fue ilegitimada por dichas “instituciones de la patria”, tildándola de fascista, nazi, totalitaria, o una suerte de acarreo “anarco-comunismo” lumpen. En este extremo clima de confrontación el partido licuó su significado. 2) En la natividad peronista real lo partidario fue una ausencia total. Luego, desde la matriz movimientista-populista posterior, fue apenas una parte fragilizada de un “todo gobernante” que partió culturalmente al país en dos. El partido de diputados y senadores no pudo dar cuenta ni representar ese dato mayor que rebasaba lo institucional. 3) El partido ocupó una suerte de “no lugar” en la década de gobierno, en tanto instancia que el propio peronismo desconsideraba como extrasindical, esto es: pseudotrabajadora, improvisada, más bien “inorgánica”, una existencia sin nervadura, de la que el líder y Evita no daban cuenta de su existencia en las concentraciones de la plaza.

El Partido cortesano

Cuando el peronismo es derrocado en 1955 ya había instalado su liturgia y su forma de ser, donde el PJ jugó de manera secundaria y hasta patética como un simple “engorde” de afiliación pasiva. Perón y las masas trabajadoras eran a esa altura la historia peronista. Junto a eso, una administración de gobierno jaqueada, un partido inocuo, y un inmenso mundo pequeñoburgués urbano antiperonista que derrotó –en la cotidiana batalla cultural y política de entonces– al 62 por ciento de los votos obtenidos por Perón en 1952. Ahí había fallado, básicamente, el partido “interclases” como universo de mayores pluralidades inclusoras.

Para John W. Cooke en ese oscuro ‘55 se da “un Perón insustituible”, y un mundo político partidario burocratizado “espectador”, “aplaudidor del líder”, “cortesano”, dice. Un partido que no resuelve “ningún problema sino que plantea que no hay problemas”, aclara Cooke. Y sentencia: “Faltó un aparato político en que se plantease la nueva marcha”. Dicho aparato no estuvo en los desvelos de nadie como corazón de una política en democracia. Ni Perón ni Evita ni los sindicatos imaginaron un peronismo devenido partido a la usanza clásica liberal, sino una fuerza descamisada contra un histórico andamiaje dominante. El mismo Cooke había sido llamado tardíamente a reorganizar infructuosamente el PJ de Capital poco antes de la caída. Ya en ese ‘55 Cooke comienza a exponer lo que sería esta dramática peronista de un partido poco real, casi “pintado”.

La “cueva de burgueses”

Desde ese 1955 el nuevo fondo de escena histórico, para el movimiento popular, pasó a ser la misma Plaza de Mayo, pero ahora no festiva sino bombardeada con 350 asesinados. Luego vino la derrota. El exilio de Perón y de centenares de cuadros políticos, los fusilamientos de José León Suárez y Campo de Mayo, miles de presos, sindicatos intervenidos y toda actividad partidaria prohibida. Esto abre un tiempo tan inesperado e inédito para el peronismo como lo había sido el repentino post-Octubre del ‘45. Su democratismo popular dejó de formar parte de “la República” democrática castrense.

En los 18 años restantes el peronismo en el llano, el de la resistencia, sellará a fuego valores y lecturas indelebles sobre sí mismo y sus formas organizativas partidarias. Su espejo decisivo será esa edad heroica y utópica en pos del regreso de una “felicidad perdida”. En ese largo interregno la problemática del partido entrará en un eclipse acentuado.

Un Perón, radicalizado, piensa o acepta las ideas de una guerra integral, comandos de lucha clandestinos, golpear y negociar sindicalmente, organigramas armados, sabotajes terroristas e incipientes experiencias guerrilleras. El peronismo prohibido había entrado en otra sintonía estratégica, también en la cabeza de sus activistas: la meta fue la huelga general revolucionaria, la de la insurrección popular a labrar. Lo que transformó al partido en el espacio olvidado, o en un simple artilugio del movimiento nacional para elecciones que nunca llegarían.

“El Consejo superior del Partido Justicialista ha dejado de existir”, informa por carta Cooke a Perón en 1957, a la vez que detalla la lucha de la resistencia y la dudosa opacidad de los dirigentes políticos. “Todos los acuerdistas, derrotistas y pacificadores son como bosta de paloma”, le contesta Perón ese año refiriéndose a la mayor parte de la actividad de los políticos oficiales. Poco más tarde los Leloir, Bramuglia, Saadi, Gelsi y otros apañarán los partidos neoperonistas acuerdistas, que reciben contradictoriamente la venia y a la vez la crítica del caudillo en lejanía.

Recuerda en una entrevista el militante Gustavo Rearte esas disputas en 1959: “el sindicalismo era lucha y caño; los del partido, una cueva de burgueses”. Comenta por esa fecha Cooke: “Los figurones del partido lo acusan a usted, General, de que nunca organizó el peronismo desde el gobierno y tampoco lo hará ahora, que son maniobras de distracción suyas”. A lo que Perón responde: “La verdadera fuerza del peronismo está en el campo de los trabajadores”, y agrega: “Es decir, en todas partes”.

Ya para 1964 Cooke, pensando en una vanguardia peronista revolucionaria, le escribe al General desde La Habana: “Solo por rutina puede pensarse que el peronismo pueda estructurarse democráticamente y en forma orgánica por los medios clásicos de los otros partidos”. Perón parece acordar con esa idea, y al tiempo le comenta de manera indiscernible: “El peronismo surgió contra todos los partidos e hizo saltar para siempre el esquema de partidos”.

1973: “los partidos”
del Partido

El desemboque de esa edad represiva se da a fines de 1972 con el regreso de Perón al país, el armado del Frejuli, y el congreso partidario en el Hotel Savoy que elige la candidatura de Cámpora por decisión del líder, quien hace de su propio cuerpo la representación casi sacra del “PJ”, con el único visto bueno que le importaba: la CGT.

Para marzo de 1973 opinaba la revista Envido, impregnada de la atmósfera de JP y Montoneros: “El proceso de liberación debe enfrentar aquellas variantes que le piden al peronismo su reconversión en un gigantesco y dormido partido ‘centro izquierdista’, pletórico de un inocuo reformismo”. En esos mismos días argumentaba frente al periodismo el general Sánchez de Bustamante, comandante del Primer Cuerpo de Ejército: “¿Cómo anhela este comandante que se exprese el movimiento de masas? Como Partido Justicialista, sujeto a reglas expuestas en el estatuto de todos los partidos. ¿Será posible esto? Dudo mucho, el peronismo se presentó siempre con ingredientes de nítida fisonomía marxista que llama a preocupación a los hombres de armas y de orden”.

Consultado en Madrid por una agencia de noticias italiana poco antes de su regreso definitivo al país, el general Perón explicaba escuetamente en un párrafo, que había que tomar principalmente en cuenta a “las socialdemocracias escandinavas” como “partidos populares de avanzada y bienestar”, los cuales se “habían organizado a partir de los grandes problemas del presente y el futuro de la humanidad”.

Un extenso tiempo argentino se cerraría pocos años después (1976) de manera infausta, aglomerando en sus sótanos esta turbulenta biografía de un partido que hoy vuelve a remover la política nacional.

Sin epopeyas de octubre por detrás, con seis décadas de vida, actuando en absoluta libertad ahora durante un cuarto de siglo democrático, y siendo gobierno, por primera vez el PJ asume un inusual protagonismo como tema central ordenador de un Todo peronista histórico.

martes, 4 de marzo de 2008

Discurso de Cristina Fernández de Kirchner en la Federación Nacional de Camioneros (4 de marzo de 2008)

Dicen que la Patria está en todas partes y es cierto, pero cuando una está junto a los Trabajadores siempre siente a la Patria más cerca, y hoy en este día tan especial, en esta verdadera fiesta popular que significan los Trabajadores reconociendo a sus dirigentes, porque saben que cuando reconocen a sus dirigentes también están reconociendo sus propias luchas, quiero decirles que me siento hoy más que nunca con el mismo compromiso que tuve toda mi vida con los intereses populares. (Aplausos)

Siento orgullo por el testimonio que siempre hemos dado acerca de nuestras convicciones e ideas, pero también siento un profundo orgullo por lo que significó el Peronismo en la vida de los Trabajadores de la República Argentina: (Aplausos)

En los orígenes, hermanos y hermanas, del Movimiento Sindical, era siempre el enfrentamiento a veces hasta sangriento entre el Capital y el Trabajo. Y fuimos nosotros desde la historia, desde la construcción que hizo el Peronismo, en el que siempre he militado, los que volvimos a articular la alianza entre el Capital y el Trabajo que permitió construir un país más justo para todos los Argentinos y para todas las Argentinas. (Aplausos)

Quiero estar con Uds. en esta mañana de fiesta y alegría, como tiene que ser cuando los Trabajadores se reúnen porque hay un país más justo, porque hay una Sociedad, porque hay un País que ha decidido reiniciar un camino de Reconstrucción Nacional, como recién decía Hugo, decisión nacional, economía al servicio del pueblo para un país más justo. Estas son las 3 claves en las cuales podemos articular entonces hoy todos los argentinos, independientemente del lugar político-ideológico que tengamos, ya que tenemos posibilidades de un presente mejor y un futuro con esperanzas y con ilusiones.

Yo quiero agradecer en nombre de todos los argentinos el esfuerzo que los dirigentes sindicales de este nuestro país están haciendo para darle sustentabilidad a un Modelo Económico Social y Cultural. No lo hacen de buenos, lo charlábamos en la última reunión que mantuvimos con los compañeros de la Confederación General del Trabajo, todos los que hoy estamos aquí sentados como dirigentes sindicales o como dirigentes políticos vivimos aquellos años 70. Tal vez en lugares diferentes pero ninguno de nosotros fuimos comentaristas o analistas, éramos militantes políticos que participábamos activamente en la vida del país y vimos cómo el país se desmoronó.

Entonces, en ese aprendizaje histórico, de Trabajadores y dirigentes políticos advertimos que cada vez que se tensiona de una manera la sociedad, cada vez que no podemos articular adecuadamente los intereses entre el Capital y el Trabajo, finalmente los que siempre especulan y quieren la riqueza de unos pocos y la miseria de muchos son los que terminan ganando.

Eso pasó en 1976 cuando se instaló un proyecto de decadencia, de atraso y de genocidio para el país, ese duro aprendizaje todos los hombres y mujeres lo hemos hecho. Por eso, con seriedad, con responsabilidad, con racionalidad, estamos construyendo esta economía de todos los días que necesita del aporte de todos. De los empresarios, que tienen que entender que debemos mejorar la distribución del ingreso; de los Trabajadores también, que saben que tenemos que aportar para mantener la inversión, el crecimiento y la producción. (Aplausos) No es que haya uno más vivo que los otros, es que hemos hecho aprendizaje y aquí estamos, dando testimonio y aportando a la construcción de este país que ha dado un salto cualitativo y cuantitativo en mejorar la calidad de vida de los Trabajadores.

Yo siempre digo que para poder tener mejores salarios es necesario que todos tengan trabajo, porque cuando las colas en las fábricas se llenan de desocupados, allí caen las condiciones laborales, y es entonces cuando debemos luchar para lograr un régimen de pleno empleo. Por eso, porque cuanto más empleo haya mejores condiciones de trabajo podrá haber para todos los argentinos, es que estamos dándole sustentabilidad a este Modelo.

Quiero además decirles que siempre, como cuando era Legisladora y lo recordaba Hugo hace unos instantes, ahora como Presidenta de los Argentinos siempre estaré del mismo lado, del lado del Pueblo, ni un centímetro más allá de los intereses del Pueblo Argentino. Es mi compromiso de vida, es mi compromiso político y es mi más intima convicción.

Finalmente, agradecerles a los Compañeros de la Confederación General del Trabajo, al compañero Hugo Moyano, este magnífico acto que revela el grado de organización y participación de los Trabajadores. (Aplausos). Al mismo tiempo, argentinos y argentinas, en este mismo ámbito de Trabajadores, donde siempre luchamos por la paz, quiero también como Presidenta de todos los Argentinos, convocar a toda la Región Latinoamericana al compromiso con la Paz y con la liberación también de Ingrid Betancourt y los rehenes en Colombia.

Los argentinos somos solidarios, las argentinas queremos la Paz y en eso vamos a seguir trabajando, todos y cada uno de los días, porque sabemos que debemos aprovechar este momento que vive la región, donde por primera vez los países emergentes estamos en un proceso de crecimiento, para que nada ni nadie intente perturbar ese crecimiento ni tampoco los liderazgos populares y democráticos obtenidos por el voto popular en nuestra Región.

Por eso, hoy más que nunca, compromiso con la Paz y con el Trabajo, como siempre. (Aplausos)

Gracias, muchas gracias. Fuerza, a seguir trabajando, los quiero mucho, gracias. (Aplausos)

miércoles, 2 de enero de 2008

Mensajes de Navidad de Eva Perón

Navidad de 1950:

... Anoche, como todos los años, al promediar la nochebuena, hablé a los descamisados en un mensaje radial. Les dije que para mí la nochebuena les pertenece con derecho de propiedad exclusivo.

La nochebuena es de los pobres, de los humildes, de los descamisados desde que Cristo, despreciado por los ricos que le cerraron todas las puertas, fue a nacer en un establo... y ¿acaso los ángeles no llamaron a los pastores, a los hombres más humildes y pobres de Belén... y únicamente a ellos le comunicaron la buena nueva que venía a alegrar el mundo?

Únicamente a los pastores, a los humildes, a los pobres les fue anunciada la "paz a los hombres de buena voluntad..."

Navidad de 1951:

... No puede haber amor donde hay explotadores y explotados. No puede haber amor donde hay oligarquías dominantes llenas de privilegios y pueblos desposeídos y miserables. Porque nunca los explotadores pudieron ser ni sentirse hermanos de sus explotados y ninguna oligarquía pudo darse con ningún pueblo el abrazo sincero de la fraternidad.

El día del amor y de la paz llegará cuando la justicia barra de la faz de la tierra a la raza de los explotadores y de los privilegiados, y se cumplan inexorablemente las realidades del antiguo mensaje de Belén renovado en los ideales del Justicialismo Peronista:

Que haya una sola clase de hombres, los que trabajan;
Que sean todos para uno y uno para todos;
Que no exista ningún otro privilegio que el de los niños;
Que nadie se sienta más de lo que es ni menos de los que puede ser;
Que los gobiernos de las naciones hagan lo que los pueblos quieran;
Que cada día los hombres sean menos pobres y
Que todos seamos artífices del destino común.

martes, 11 de diciembre de 2007

DISCURSO DE CRISTINA FERNÁNDEZ DE KIRCHNER EN EL ACTO DE ASUNCIÓN DEL MANDO EN EL CONGRESO DE LA NACION (10 de diciembre de 2007)

Muchas gracias. ¡Viva, viva la Patria, sí! (APLAUSOS)

Señores Jefes de Estado presentes; señores Jefes de Delegaciones; señores gobernadores; autoridades civiles, militares, eclesiásticas; pueblo de la Patria y Honorable Asamblea Legislativa: vengo esta tarde a dar cumplimiento al artículo 93 de la Constitución Nacional. Luego de haberse realizado elecciones el 28 de octubre, la fórmula que encabecé junto al ingeniero Julio Cobos, obtuvo más del 45 por ciento de los votos válidos emitidos y, por lo tanto, no corresponde, tal cual ha proclamado esta misma Asamblea Legislativa convocar a una segunda vuelta. En esos términos y en los términos del artículo 97, vengo a tomar posesión del cargo de Presidenta de la República Argentina (APLAUSOS), el honor más grande que puede tener una argentino o una argentina, ser elegida por sus compatriotas para representarlos.

Este es un escenario diferente al de hace apenas cuatro años y medio, el 25 de Mayo de 2003. El Presidente, que está sentado a mi izquierda, junto a todos los argentinos cambió en estos cuatro años y medio ese escenario que teníamos aquel 25 de Mayo. Lo hizo en nombre de sus convicciones que son las mías y las de muchísimos argentinos que siempre creímos en el país y en sus hombres y en sus mujeres, en el pueblo y en la Nación, palabras que tal vez en tiempos de la globalización no suenen bien o suenen raro al menos, pero a poco de conocer a los países con más desarrollo económico y social e indagar en las claves de su crecimiento y de su desarrollo, uno puede encontrar en la defensa irrestricta de sus propios intereses, como Estados y sociedades, la clave de ese avance, la clave de ese desarrollo.

Por eso, pueblo y nación en tiempos de globalización siguen más vigentes que nunca, representar los intereses de los argentinos. (APLAUSOS)

Puede tal vez parecer una paradoja, pero la diferencia de 22,25 puntos porcentuales que nuestra fuerza obtuvo con la que salió en segundo término, son casi los mismos 22,24 puntos que usted, Presidente, obtuvo por todo concepto en las elecciones de abril de 2003.

Usted, sentado en este mismo lugar, con más desocupados que votos, se propuso dar término a dos mandatos constitucionales: el que había sido iniciado el 10 de diciembre de 1999 por imperio de la voluntad popular y el que se había iniciado un 2 de enero por voluntad de esta misma Asamblea Legislativa, luego de los trágicos sucesos del 2001.

Ninguno de los dos mandatos constitucionales pudo cumplir los tiempos de la Constitución y usted pudo junto a todos los argentinos, revertir aquella sensación de frustración, de fracaso, de no poder que millones de argentinos sentíamos en esos días que corrían. Lo hizo en nombre de un proyecto político. Usted, después de todo, nunca fue un posmoderno; en tiempos de la posmodernidad, usted es un Presidente de la modernidad y me parece que yo también. (APLAUSOS)

Creemos firmemente en los proyectos políticos; creemos que es posible superar la individualidades que muchas veces con una frase pretendidamente escandalizadora pretenden ocupar, claro, lugares que demandan mucho más lugar si son ideas.

Siempre digo, una idea, una propuesta alternativa, seria, viable, realizable lleva mucho más que dos minutos de televisión o cinco centímetros en las columnas de los diarios. (APLAUSOS)

Las ideas, los proyectos es lo que triunfaron este 28 de Octubre. Yo no me engaño, nunca he creído en los triunfos personales e individuales, descreo profundamente de ellos, porque creo en las construcciones colectivas y la sociedad. Este último 28 de octubre precisamente convalidó, ratificó una construcción política, social y económica diferente, lo hicimos con todos los argentinos.

En el día de hoy, yo no quiero compartir con ustedes cifras o datos o venir a contar las cosas que hemos hecho en estos cuatro años y medio que han sido tan importantes, la renegociación, el pago del Fondo, la lucha sin tregua contra la desocupación, la indigencia, la pobreza en la que vamos obteniendo batallas y triunfos importantes, no el definitivo, porque siempre va a faltar la victoria definitiva mientras haya un pobre en la Patria. Esto lo tenemos muy claro. (APLAUSOS)

Pero quiero en esta tarde y en este lugar en el que estuve tantos años, reflexionar con ustedes acerca de lo que para mí son los cuatro capítulos fundamentales de este proceso que hemos iniciado el 25 de mayo de 2003 y que tiene en las instituciones, en la sociedad, en un modelo económico de acumulación con matriz diversificada e inclusión social y en nuestra inserción en el mundo, los cuatro ítems fundamentales: las instituciones.

Yo he pertenecido durante doce años a este Parlamento, he estado sentada en esas bancas como ustedes y con ustedes, como diputada y como senadora. Recuerdo madrugadas, fines de semanas enteros aquí sancionando el ajuste permanente; "lo pide el Fondo si no se acaba todo" era la frase que más escuchábamos en aquellos días. De allí de la política del ajuste permanente que caracterizó la década de los ´90 pasamos al otro Parlamento, al que aplaudía el default. De la hazaña del ajuste a la hazaña de no pagar.

Creo que, amigos y amigas senadores y diputados de todas las bancadas, hemos logrado recuperar el equilibrio, el rol constitucional que nos asigna precisamente nuestra Carta Magna, volver a ser unos los representantes del oficialismo, los otros los representantes de la oposición; cada uno cumpliendo el mandato popular que le ha conferido la ciudadanía pero volviendo a tener en el rol de senadores y diputados la libertad que no nos imponían desde el Fondo y que tal vez, desde el advenimiento de la democracia no habíamos tenido, porque si en los ´90 tuvimos la presión permanente sobre el Parlamento de los organismos multilaterales y también, de otros argentinos que creían que ese era el camino, porque ellos solos no podían, se hubieran encontrado otros argentinos que le hubieran dicho que no.

En los años ´80 también, arrancados a este mismo Parlamento, las leyes de Obediencia Debida y Punto Final, el poder militar o el partido militar que terminaba en las postrimerías del siglo XX al luego poder económico característico de los ´90 y de la globalización.

Creo sinceramente que hemos recorrido un largo camino en estos años de democracia y espero profundizar este rol del Congreso, donde podamos discutir y debatir sin adjetivaciones, sin agravios, con propuestas alternativas y viables, con memoria histórica de dónde viene cada uno, qué hizo cada uno y qué representó cada uno que es lo que nos da legitimidad para poder plantear una propuesta. (APLAUSOS)

Quiero decirles que tengo grandes esperanzas, porque creo que estamos reconstruyendo el sistema de decisión que priva la Constitución para todos sus poderes. El Presidente que está a mi izquierda lo hizo en la Casa Rosada, volvió a resituar la política como el instrumento válido para mejorar la calidad de vida de los ciudadanos y para torcer un destino que parecía incierto, que parecía casi maldito por momentos.

Curiosamente fue desde la política donde por primera vez en la República Argentina se empezó a gobernar sin déficit fiscal. Fue desde la política donde por primera vez se comenzó un proceso de desendeudamiento del país. Fue desde la política donde decidimos cancelar nuestras deudas con el Fondo Monetario Internacional, precisamente para tener nuestro modelo de acumulación con autonomía razonable en un mundo globalizado. Fue precisamente entonces desde la política y desde la Casa Rosada donde pudimos evidenciar que los argentinos podíamos porque empezábamos a creer en nosotros mismos. Y también de estos dos poderes, del Ejecutivo y del Poder Legislativo, saldamos una deuda que teníamos con los argentinos: dar una Corte Suprema de Justicia a los argentinos que no los avergonzara, honorable. (APLAUSOS)

Falta aún que también abordemos el resto del Poder Judicial en la reforma que necesariamente deberemos darle, para que la gente, la sociedad, los argentinos vuelvan a sentir a la Justicia como un valor reparador y equilibrador y que también será imprescindible en la reconstrucción del valor "seguridad" para todos los ciudadanos en momentos donde muchas veces resultan incomprensibles muchas decisiones que causan estupor en la ciudadanía que no alcanza a comprender en virtud de qué códigos, de qué principios o de qué leyes, se producen determinadas decisiones judiciales. (APLAUSOS)

Quiero que cuando discutamos estos temas lo hagamos en la misma manera de lo que decía hace unos instantes, todavía tengo presente la discusión que tuvimos durante el año 2005 cuando aprobamos la iniciativa de reforma del Consejo de la Magistratura que comenzó a tener vigencia hace ya más de un año.

Recuerdo los argumentos de muchos opositores y de los medios de comunicación, que no son lo mismo pero a veces se parecen bastante. (APLAUSOS) Y quiero decirles que aquellas profecías que se desgranaron en radio, en televisión, en río de tinta acerca de que íbamos a manipular la Justicia o perseguir a los jueces probos, resultó desestimada, no por otros discursos, sino por la realidad, por la práctica concreta de un nuevo Consejo de la Magistratura que por primera vez es presidido por un académico que precisamente no es de nuestro partido, y que además, a iniciativa de una consejera oficialista y con la aprobación de todos sus miembros, por primera vez los argentinos vamos a conocer las declaraciones juradas de los hombres y mujeres que deciden sobre nuestra vida, libertad y patrimonio. (APLAUSOS)

No es una cuestión menor, también espero que podamos colocar a todos los argentinos en pie de igualdad tributaria, de modo tal que no haya ningún argentino que no pague impuestos. Muchas veces cuando uno escucha algunas declaraciones precisamente de aquellos hombres que deben aplicar la ley y la Constitución, pero por sobre todas las cosas la garantía de la igualdad, porque si algo debe caracterizar el ejercicio de la democracia es la igualdad ante la ley, no solamente la libertad, es la libertad y la igualdad, la una sin la otra no funcionan. Y entonces cuando uno muchas veces escucha algunas declaraciones en cuanto a que esto no es posible, comprende muchas veces la desazón que envuelve a los ciudadanos y a las ciudadanas de a pie, como a mí me gusta llamarles.

Y en esta tarea de reconstruir institucionalidad, sistema democrático constitucional, creo que también ambos poderes del Estado, el Poder Ejecutivo, el Poder Legislativo y también la Corte Suprema de Justicia, los tres poderes del Estado, hemos finalmente derribado el muro de la impunidad y decretada la anulación de las leyes de Obediencia Debida, Punto Final e Indultos, hemos aportado a la construcción del sistema democrático. (APLAUSOS)

Yo espero que en estos cuatro años de mi mandato, estos juicios que han demorado más de treinta años en ser iniciados, puedan ser terminados. Tenemos la obligación desde el Ejecutivo, desde el Parlamento, desde la propia Corte Suprema de Justicia y de los Tribunales, de adoptar y diseñar los instrumentos que garantizando todos los derechos y garantías que otros argentinos no tuvieron, permitan finalmente enjuiciar y castigar a quienes fueron responsables del mayor genocidio de nuestra historia. (APLAUSOS)

Se lo debemos a quienes fueron las víctimas; se lo debemos a sus familiares, a las Abuelas, a las Madres, se lo debemos a los sobrevivientes que no pueden seguir estando sometidos a la tortura del relato permanente de la tragedia. Y se lo debemos también a las Fuerzas Armadas, para que de una vez y para siempre, en vistas al Bicentenario, se pueda separar la paja del trigo y entonces los argentinos podamos todos volver a mirarnos a la cara. (APLAUSOS)

Creo también que no solo las instituciones del Estado en sus tres poderes deben abordar la reconstrucción de este nuestro país, creo que también otros estamentos de la sociedad, empresariales, dirigenciales, medios de comunicación deben saber que el hecho de no integrar el espacio público gubernamental, no los exime también de la tarea y de la responsabilidad que a cada uno de aquellos argentinos que tiene un poco más de poder, bastante más poder -diría yo- que el resto de los ciudadanos, tienen también obligación moral de construir un país distinto.

Nos debemos también un relato diferente de nosotros mismos los argentinos, no autocomplacencia, no de ocultamiento, pero sí el necesario reconocimiento a los logros obtenidos y, en todo caso, a marcar lo que falta, pero reconocer lo que se ha logrado.

También creo que la sociedad es parte importante. No se puede cambiar un país únicamente con un buen gobierno en sus tres poderes. Para cambiar un país hace falta un buen gobierno y una buena sociedad, donde cada uno de los ciudadanos sepa que todos los días cuando toma decisiones, está también construyendo el modelo de sociedad en la que quiere vivir.

Debemos interpelarnos cada uno de nosotros, más allá de los lugares que ocupemos, como ciudadanos qué hacemos todos los días para ser un poco mejores y entonces vivir en un país mejor. Esto no significa diluir responsabilidades, sino simplemente que cada uno se haga cargo de la que le corresponde en la construcción de una sociedad diferente. Pero instituciones y sociedad solo se reconocen cuando pueden lograr objetivos de mejorar la calidad de vida de la gente.

Quiero poner entonces, en este nuevo modelo económico de matriz diversificada, de acumulación con inclusión social que se ha puesto en marcha la clave para los tiempos que vienen; un modelo que, reconoce en el trabajo, en la producción, en la industria, en la exportación, en el campo, la fuerza motriz que ha permitido que millones de argentinos vuelvan a recuperar no solo el trabajo, sino además las esperanzas y las ilusiones de que una vida mejor es posible.

Creo que debemos superar ese tabú histórico que siempre hubo entre todos los argentinos de que si el modelo era la industria, de que si el modelo era el campo. Creo que podemos y lo estamos demostrando que en un modelo de acumulación campo e industria tienen sinergia.

Siempre digo, me encantaría vivir en un país donde los mayores ingresos tal vez los produjera la industria. Seguramente estaríamos viviendo en los grandes países desarrollados, donde la industria siempre ha subsidiado al campo. Pero este es el modelo que se eligió muchas veces en el siglo pasado y de lo que se trata entonces es de consensuar esencialmente la profundización de este modelo que nos ha permitido mejorar sustancialmente la calidad de vida de los argentinos. Y aquí hay roles importantes que cumplir, el acuerdo al que hemos hecho mención permanente durante toda nuestra campaña y que no es un acuerdo de precios y salarios. Yo no he venido a ser Presidenta de la República para convertirme en gendarme de la rentabilidad de los empresarios; que se olviden. (APLAUSOS) Tampoco he venido a ser Presidenta para convertirme en parte de alguna interna sindical o política. Tampoco, tampoco. (APLAUSOS)

El acuerdo del que hablo es el acuerdo de las grandes metas, de los grandes objetivos, cuantificables, verificables y luego iremos por sector y por actividad analizando cuál es más competitivo, cuál nos puede dar mejor ventaja, dónde se necesita inversión, dónde innovación tecnológica. Tampoco es casual la decisión de haber elevado a rango de ministerio a la investigación y la tecnología. Creo que allí está la clave o una de las claves para que la competitividad no solamente sea por el tipo de cambio, sino también por la innovación y la investigación. Esto lleva tiempo, esfuerzo, perseverar en los objetivos. Nadie puede hacer las cosas en dos o tres años.

Se trata entonces de poder sentar las bases de acumulación para que luego las elecciones democráticas que marca la Constitución no signifiquen que cada cuatro años los argentinos cambiamos de modelo económico y en una política pendular terminamos frustrando todo. Nadie puede vivir cada cuatro años cambiando absolutamente todo. Siempre hay que cambiar las cosas que se han hecho mal o hacer las que no se han podido hacer, pero rescatando y profundizando las que se hicieron bien. Este tipo de discusión, este tipo de debate es, el que creo, nos debemos todos los argentinos.

En los roles también está el del Estado, el de un Estado que ha decidido colocar a la educación como el otro eje fundamental de transformación y de agregar competitividad. El Presidente que está a mi izquierda y yo somos hijos de la escuela pública y de la universidad pública y gratuita. No es casualidad, no somos hijos de personas con mucho dinero, somos hijos de trabajadores y él es Presidente y yo soy Presidenta; somos eso, producto de la educación pública.

Pero también quiero decir que aquella educación pública no es la de hoy. Quiero decirlo con valentía porque lo siento. Yo me eduqué en una escuela donde había clases todos los días, donde los maestros sabían más que los alumnos, donde nosotros teníamos que estudiar todo el día para poder aprobar y pasar (APLAUSOS), porque creíamos en el esfuerzo, porque creíamos en el sacrificio. Lo recuerdo como si fuera hoy, seguramente mi madre aquí también me recuerda, horas sentada estudiando. Porque no hay financiamiento estatal que valga. Podemos destinar no seis puntos del Producto Bruto, podemos destinar diez, pero si no hay capacitación y formación docente, si los alumnos no estudian, si la familia no se hace cargo, en fin si todos no trabajamos y nos esforzamos y cooperamos en lograr el bien común, va a ser muy difícil no solamente lograr una mejor calidad de educación sino también seguramente un mejor país. Y a eso los convoco a todos, a los padres, a los alumnos, a los docentes, a una escuela pública diferente. (APLAUSOS)

Debemos encontrar aquellos que siempre hemos defendido a la educación pública, porque además, hoy, cuando se producen brechas de equidad en la sociedad son precisamente los sectores más vulnerables, los más pobres los que van a la escuela pública. Los que tienen plata pueden mandar a sus hijos a una universidad privada o a un colegio privado. Los que no tienen nada los mandan cuando pueden a la escuela pública, entonces todos los que formamos y forman parte de la escuela pública debemos encontrar formas dignas de lucha por los derechos que cada uno tiene pero esencialmente defendiendo con inteligencia a la escuela pública. (APLAUSOS) Porque muchas veces con grandes objetivos, grandes discursos y grandes ideales hemos llegado a grandes fracasos. Mi generación de eso puede dar cátedra. Quiero entonces convocar precisamente para esta tarea que nos debemos todos los argentinos.

Un Estado también que coloque a la infraestructura económica y social como otro de los ejes de la inversión y del desarrollo de la actividad económica, como lo hemos hecho en estos últimos cuatro años y medio donde estamos transformando el país. Pueden dar fe de ello los gobernadores que hoy nos acompañan, de todos los partidos políticos y el Presidente que está sentado a mi izquierda. Es casualidad no más que esté sentado a mi izquierda porque yo lo he repetido varias veces, no sea que se lo crea. (APLAUSOS)

Creo que esta gestión ha dado muestra suficiente de que no se ha reparado cuál era el origen partidario o ideológico del gobernador o del intendente. Creemos profundamente en la transformación, en el hacer y en el trabajar y hemos fructificado uniéndonos a hombres y mujeres de distinta pertenencia partidaria con un solo objetivo: cumplir con el mandato popular. No nos votan para que nos peleemos entre nosotros. Nos votan para que trabajemos por ellos, los ciudadanos y las ciudadanas. (APLAUSOS) Esto creo, es lo que también tenemos que hacer para mejorar la movilidad social ascendente que ha sido precisamente lo que ha caracterizado a este país dándonos una poderosa clase media y que permite que hijos de trabajadores puedan llegar a la Primera Magistratura del país. Ese es el país que tenemos que reconstruir los argentinos, reconociéndonos -es cierto- en nuevos instrumentos y en nuevas políticas, porque vivimos también en un mundo diferente y de esto finalmente es de lo que quiero hablar, de nuestra inserción en el mundo.

Ayer, en el Salón Blanco de la Casa de Gobierno tuve la fotografía que creo que es la fotografía de nuestra historia, de nuestros orígenes, de nuestros intereses. Allí, el Presidente del Brasil que hoy nos acompaña, el Presidente de Ecuador, el Presidente de Paraguay, el Presidente de Bolivia, el Presidente de Venezuela junto a nuestro Presidente (APLAUSOS) firmaban el Acta Fundacional de lo que espero sea un instrumento para la transformación económica y social de nuestros pueblos. Esta es nuestra Casa la América latina que también tiene nombre de mujer (APLAUSOS) y que no significa que nos neguemos al mundo, el MERCOSUR, nuestro espacio al que esperamos que se incorpore a la brevedad Venezuela para cerrar la ecuación energética de América latina (APLAUSOS), porque alimentos y energía serán la clave de un futuro que ya está aquí en la puerta, que no es tan lejano.

Quiero también agradecer la presencia del Presidente de la República Oriental del Uruguay, el doctor Tabaré Vázquez (APLAUSOS) Quiero decirle con toda la sinceridad que siempre he tenido en toda mi práctica política, que no va a tener de esta Presidenta un solo gesto que profundice las diferencias que tenemos, pero también con la misma sinceridad quiero decirle que esta situación que hoy atravesamos no nos es imputable. Porque más allá de medidas que muchas veces podemos no compartir, lo cierto es que nosotros nos hemos presentado en la Corte Internacional de La Haya porque se ha violado el Tratado del Río Uruguay al instalar las pasteras. (APLAUSOS)

Este y no otro es el conflicto; resituar el conflicto requiere también un ejercicio de sinceridad por parte de todos nosotros que no significa ahondar la diferencia; simplemente saber cuál es la diferencia para darle gobernabilidad a esa conflictividad hasta tanto resuelva como corresponde a los Estados de derecho el Tribunal Jurídico Internacional que ambos pactamos en el caso de controversias. Esta es hoy la situación pero sepan compatriotas del Uruguay, de la Patria Grande, que lo sentimos los argentinos y lo vamos a sentir siempre nuestros hermanos. Que de esto no haya ninguna duda. (APLAUSOS)

Quiero también hacerme eco del llamado al Presidente de la República Argentina por parte del señor Presidente de la República de Francia, Nicolás Sarkozy, para que colaboremos en la negociación o en lo que podamos hacer en cuanto a lograr la liberación de la ciudadana franco-colombiana Ingrid Betancourt cuya madre hoy también nos acompaña aquí. (APLAUSOS)

Quiero comprometer el esfuerzo de nuestra diplomacia, el esfuerzo de nuestro país y también solicitar a Dios ilumine al señor Presidente de la hermana y querida República de Colombia para poder alumbrar a una solución que exige el derecho humanitario internacional, sin que esto signifique inmiscuirnos de ningún modo en cuestiones internas de otro país. Pero creo que hay un derecho humanitario internacional que amerita que pongamos todo el esfuerzo, toda la voluntad posible para no llegar demasiado tarde. Allí estará la Argentina ayudando en todo lo que sea posible para lograr una solución.

Finalmente, queremos en este mundo global también fijar nuestra posición en cuanto a una necesidad imperiosa, la reconstrucción del multilateralismo. Un mundo unilateral es un mundo más inseguro, más injusto.

Hemos vivido los argentinos dos veces, en 1992 y 1994, los ataques del terrorismo global. La lucha en la que estamos comprometidos contra ese terrorismo tampoco nos debe llevar a justificar que por temor al terrorismo global incurramos en la violación global de los derechos humanos. No creo en esa ecuación. (APLAUSOS) No lo creo por convicción y no lo creo por estrategia política en la lucha contra el terrorismo. Creo que, por el contrario, es una estrategia que abona y que es absolutamente funcional a los objetivos que ellos pretenden lograr.

Por eso creo que es no solamente de gente sensible ante la condición humana, sino inteligente adoptar metodologías que precisamente no conlleven ningún tipo de violación a los derechos humanos.

Quiero también reafirmar, una vez más, nuestro reclamo irrenunciable e indeclinable a la soberanía sobre nuestras Islas Malvinas (APLAUSOS) y llamamos al país ocupante, que en todos los foros internacionales luce como adelantado y respetuoso, que hay una situación de enclave colonial aquí denunciada ante Naciones Unidas y que es hora de volver a cumplir el mandato de esas mismas Naciones Unidas de las que todos formamos parte. (APLAUSOS)

Creo entonces que la reconstrucción de la multilateralidad es un poco más seguro, porque bueno es decirlo las cosas han cambiado de tal modo que no solamente la multilateralidad sino la equidad serán las que permitirán vivir en un mundo más seguro.

Para terminar, quiero convocar a todos los hombres y mujeres de mi país, a los jóvenes, a los ciudadanos, a las ciudadanas, a las que nos votaron y a los que no lo hicieron, porque en definitiva hoy estamos representando los intereses de todos, quiero hacerlo también desde mis convicciones, ustedes lo saben, como quien se va, como el Presidente formamos parte y muchos de ustedes también de los que están aquí sentados, que no somos marcianos ni Kirchner ni yo, somos miembros de una generación que creyó en ideales y en convicciones y que ni aún, ante el fracaso y la muerte perdimos las ilusiones y las fuerzas para cambiar al mundo. (APLAUSOS)

Tal vez, estemos un poco más modestos y humildes. En aquellos años soñábamos con cambiar el mundo, ahora nos conformamos con cambiar este nuestro país, nuestra casa. (APLAUSOS)

Sé que faltan muchas cosas, sé que tendremos que corregir otras. Estoy convencida de que lo vamos a poder hacer con el esfuerzo y el trabajo de todos los argentinos. También -porque saben, que la sinceridad es uno de mis datos proverbiales- sé que tal vez me cueste más porque soy mujer, porque siempre se puede ser obrera, se puede ser profesional o empresaria, pero siempre nos va a costar más. Estoy absolutamente convencida. (APLAUSOS)

Pero creo tener la fuerza para poder hacerlo y además el ejemplo, el ejemplo no solamente de Eva que no pudo, no pudo, tal vez ella lo merecía más que yo, el ejemplo de unas mujeres que con pañuelo blanco se atrevieron donde nadie se atrevía y lo hicieron. (APLAUSOS) Ese era el ejemplo de ellas, de las Madres y de las Abuelas, de las Madres y de las Abuelas de la Patria. (APLAUSOS) Ese era el ejemplo de ellas y también de nuestros próceres, de Mariano Moreno, de San Martín y de Belgrano.

Quiera Dios y me ilumine para que me equivoque lo menos posible, que me ayude a escuchar, que me ayude a decidir. Lo voy a hacer como siempre he hecho todas las cosas que he emprendido en mi vida: con mis convicciones, con mis ideas y, por sobre todas las cosas, con mi inmenso y eterno compromiso con la Patria.

Muchas gracias. (APLAUSOS)

martes, 4 de diciembre de 2007

ALGUNAS EXPERIENCIAS EN LA HISTORIA DE NUESTRO PARTIDO (MAO TSE TUNG, 25 de septiembre de 1956)

El imperialismo norteamericano es enemigo de ustedes, enemigo también de nosotros y enemigo de todos los pueblos del mundo. A él se le hace más difícil intervenir en nuestros asuntos que en los de ustedes. Una de las razones es que los Estados Unidos están muy lejos de nosotros. Sin embargo, el imperialismo norteamericano ha extendido hasta muy lejos sus tentáculos, hasta nuestro territorio de Taiwán, Japón, Sur de Corea, Sur de Viet Nam, Filipinas y otros lugares. Estados Unidos tiene tropas acantonadas en Inglaterra, Francia, Italia, Islandia y Alemania Occidental y ha establecido bases militares en África del Norte y el Cercano y Medio Oriente. Ha extendido sus tentáculos por todo el mundo. Es un imperialismo de carácter mundial. Es un maestro por lo negativo para los pueblos del mundo entero. Estos deben unirse, ayudarse mutuamente y cortarle los tentáculos adonde quiera que lleguen. Cada vez que le cortemos uno de sus tentáculos, nos sentiremos un poco más a gusto.

Antes, China fue también un país oprimido por el imperialismo y el feudalismo, y nuestra situación ha sido muy semejante a la de ustedes. Que en un determinado país la población rural sea numerosa y haya fuerzas feudales, tiene su lado negativo, pero es, a la vez, una cosa buena para la revolución dirigida por el proletariado, pues nos brinda una amplia fuerza aliada, que es el campesinado. En la Rusia anterior a la Revolución de Octubre, era muy grave la presencia del feudalismo; pero, gracias al apoyo de las grandes masas campesinas, el Partido bolchevique llevó la revolución a la victoria. Y esto es todavía más cierto en el caso de nuestro país. China es un país agrícola, con más de quinientos millones de sus habitantes ubicados en las zonas rurales. En el pasado, hicimos la guerra apoyándonos principalmente en los campesinos. Hoy, si la burguesía urbana de nuestro país se ha sometido rápidamente a la transformación socialista, es porque los campesinos ya están organizados y la agricultura, cooperativizada. De ahí la extraordinaria importancia del trabajo del Partido entre los campesinos.

A mi juicio, en los países donde es grave la presencia del feudalismo, el partido político proletario debe ir a las zonas rurales en busca de los campesinos. Pero, si los intelectuales que van allí adoptan una actitud incorrecta, no podrán ganarse su confianza. Los intelectuales de la ciudad conocen poco de las cosas del campo y de la psicología de los campesinos, de modo que no saben dar una solución muy adecuada al problema campesino. Según nuestra experiencia, no se puede conquistar la victoria a menos que, en el curso de un período muy largo, nos identifiquemos verdaderamente con los campesinos y los convenzamos de que luchamos en su beneficio. No se debe, en absoluto, pensar que ellos van a creer en nosotros de un día para otro. Tengan bien presente que no basta dar alguna ayuda a los campesinos para que depositen su confianza en nosotros.

El campesinado es el aliado principal del proletariado. En un principio, tampoco nuestro Partido comprendió la importancia del trabajo entre los campesinos, y por eso puso en el primer lugar el trabajo urbano y, en el segundo, el trabajo rural. A mi modo de ver, los Partidos de algunos países asiáticos, como el de la India y el de Indonesia, no han hecho bien el trabajo rural.

Al comienzo, nuestro Partido no tuvo éxito en su trabajo entre los campesinos. Los intelectuales tenían cierto aire, justamente el aire de intelectuales. Con tal aire, no querían ir al campo y lo despreciaban. Los campesinos, a su vez, no los miraban con buenos ojos. Por otro lado, nuestro Partido no había encontrado aún los métodos para lograr una comprensión del campo. Más tarde, cuando fuimos allí de nuevo, encontramos esos métodos, hicimos un análisis de las clases en el campo y llegamos a conocer cuáles eran las reivindicaciones revolucionarias de los campesinos.

En un primer período, no teníamos una idea clara de lo que era el campo. Por aquel entonces, la línea oportunista de derecha de Chen Tu-siu hizo que se abandonara a este principalísimo aliado, el campesinado. Muchos de nuestros camaradas veían el campo como una cosa plana en lugar de verlo en sus tres dimensiones, es decir, no sabían ver el campo desde el punto de vista clasista. Sólo más tarde, habiendo llegado a comprender el marxismo, empezaron a enfocar el campo desde el punto de vista clasista. Se dieron cuenta entonces de que el campo no era una cosa plana, sino que allí había ricos y pobres, e incluso gente pobrísima, que allí la población se dividía en asalariados agrícolas, campesinos pobres, campesinos medios, campesinos ricos y terratenientes. En este período hice un estudio del campo y abrí escuelas del movimiento campesino en las que dimos varios cursos sucesivos, pero mi comprensión de este problema no era profunda, aunque sabía algo de marxismo.

Vino luego el segundo período. Aquí tenemos que agradecer a ese excelente maestro nuestro que es Chiang Kai-shek. Nos lanzó al campo. Ese fue un período muy largo, diez años de guerra civil, diez años de lucha contra él, y eso nos obligó a hacer un estudio del campo. En los primeros años de ese decenio, todavía no pudimos conocer muy a fondo el campo y fue sólo más tarde cuando llegamos a conocerlo mejor adquiriendo una comprensión más o menos profunda. En ese período, las tres líneas oportunistas de "izquierda", representadas por Chü Chiu-pai, Li Li-san y Wang Ming, acarrearon pérdidas muy grandes a nuestro Partido, y sobre todo la línea oportunista de "izquierda" de Wang Ming le hizo perder la gran mayoría de sus bases de apoyo en el campo.

Llegamos luego al tercer período, el de la Guerra de Resistencia contra el Japón. Al invadirnos el imperialismo japonés, suspendimos la guerra con el Kuomintang y pasamos a la guerra contra este imperialismo. En ese entonces, nuestros camaradas pudieron ir abiertamente a las ciudades de las zonas dominadas por el Kuomintang. Wang Ming, que había cometido errores propios de una línea oportunista de "izquierda", incurrió esta vez en errores propios de una línea oportunista de derecha. Antes había ejecutado la política ultraizquierdista de la Internacional Comunista, y ahora pasaba a aplicar una política ultraderechista. Para nosotros, él es también un excelente maestro por lo negativo, que ha educado a nuestro Partido. Tenemos otro excelente maestro por lo negativo, que es Li Li-san. El principal error que cometieron ellos en su tiempo fue el dogmatismo, la copia mecánica de las experiencias extranjeras. Nuestro Partido liquidó cuentas con las erróneas líneas representadas por ellos y encontró realmente el camino de integración de la verdad universal del marxismo-leninismo con las condiciones concretas de China. Esto hizo posible que en el cuarto período, cuando Chiang Kai-shek desencadenó su ofensiva contra nosotros, lo derribáramos y fundáramos la República Popular China.

La experiencia de la revolución china, que consiste en crear bases de apoyo en las zonas rurales, utilizar el campo para rodear las ciudades y finalmente tomarlas, no necesariamente es aplicable para muchos de sus países, pero puede servirles de referencia. Les aconsejo a ustedes que tengan mucho cuidado de no copiar mecánicamente la experiencia china. La experiencia de cualquier país extranjero sólo puede servir de referencia y no debe ser tomada como dogma. Es imperativo integrar estos dos aspectos: la verdad universal del marxismo-leninismo y las condiciones concretas del propio país.

Si uno quiere ganarse a los campesinos y apoyarse en ellos, debe hacer una investigación sobre el campo. El método consiste en investigar una, dos o varias aldeas y, en el término de unas semanas, adquirir una clara idea sobre las fuerzas de clase, la situación económica, las condiciones de vida y otros problemas del campo. Un dirigente principal como el secretario general del Partido debe ocuparse personalmente de este trabajo yendo a conocer una o dos aldeas; debe tratar de encontrar el tiempo para ello, pues bien vale la pena. Aunque son muchos los gorriones, no hay necesidad de examinar a cada uno de ellos; basta con hacer la disección de uno o dos. Cuando el secretario general ha investigado una o dos aldeas y está al tanto de las cosas, puede ayudar a sus camaradas a conocer el campo y a adquirir una clara idea de las condiciones concretas reinantes allí. Tengo la impresión de que los secretarios generales de los Partidos de muchos países no conceden importancia a la disección de uno o dos "gorriones"; de entender, algo entienden del campo, pero no profundamente, y por eso sus instrucciones no concuerdan mucho con las condiciones del campo. Los camaradas responsables de los organismos dirigentes del Partido, incluidos los de los niveles nacional, provincial y distrital, deben también investigar personalmente una o dos aldeas, hacer la disección de uno o dos "gorriones". Esto es lo que se llama "anatomía".

Hay dos maneras de investigar: Una consiste en ver las flores desde un caballo al trote y la otra, en desmontar para ver las flores. Viendo las flores desde un caballo al trote, uno no puede lograr un conocimiento profundo de ellas, pues ¡son tan abundantes! Ustedes, que han venido a Asia desde América Latina, lo que están haciendo es ver las flores desde un caballo al trote. Pero en sus países hay tantas flores que es muy poco darles una mirada y luego marcharse; se necesita entonces acudir a la segunda manera: desmontar para ver las flores, observándolas minuciosamente, analizando una "flor" o haciendo la disección de un "gorrión".

En los países que sufren la opresión imperialista, hay dos tipos de burguesía: la burguesía nacional y la burguesía compradora. ¿Existen estos dos tipos de burguesía en sus países? Seguramente en todos ellos existen.

La burguesía compradora es siempre lacaya del imperialismo y blanco de la revolución. Ella se desglosa, a su vez, en diferentes sectores dependientes de diversos grupos monopolistas: los de Estados Unidos, Inglaterra, Francia y otros países imperialistas. En la lucha contra los sectores de la burguesía compradora, hay que utilizar las contradicciones interimperialistas y enfrentar primero a uno de esos sectores, golpeando al enemigo principal del momento. Por ejemplo, en el pasado, la burguesía compradora china tenía un sector proinglés, otro pronorteamericano y otro projaponés. Durante la Guerra de Resistencia contra el Japón, explotamos las contradicciones entre Inglaterra y los Estados Unidos, por un lado, y el Japón, por el otro, para echar abajo primero a los invasores japoneses y al sector de la burguesía compradora que dependía de ellos. Luego pasamos a combatir a las fuerzas agresoras de los Estados Unidos e Inglaterra y a derribar los sectores pronorteamericano y proinglés de la burguesía compradora. Dentro de la clase terrateniente también hay fraccionas. Entre los terratenientes, los más reaccionarios representan una minoría y, cuando se los golpea, no hay que revolver con ellos a los que son patriotas y están en favor de la lucha contra el imperialismo. Es preciso, además, hacer una distinción entre los terratenientes grandes y los pequeños. No se debe asestar golpes a un mismo tiempo a demasiados enemigos, sino a un pequeño número, e incluso de entre los grandes terratenientes hay que dirigir el golpe sólo contra el reducido número de los más reaccionarios. Golpear a todos a la vez parece muy revolucionario, pero en realidad causa mucho daño.

La burguesía nacional es nuestra contrincante. En China hay un proverbio que reza: "Los contrincantes se encuentran siempre." La experiencia de la revolución china enseña que es necesario tratar con prudencia a la burguesía nacional. Ella es contraria a la clase obrera y, al mismo tiempo, contraria al imperialismo. En vista de que nuestra tarea principal reside en luchar contra el imperialismo y el feudalismo y que sin haber derribado a estos dos enemigos el pueblo no puede emanciparse, debemos esforzarnos por hacer que la burguesía nacional luche contra el imperialismo. Esta no tiene interés en la lucha contra el feudalismo, porque mantiene estrechos vínculos con la clase terrateniente. Además, oprime y explota a los obreros. Por lo tanto, debemos luchar contra ella. Sin embargo, con el propósito de lograr que combata junto con nosotros al imperialismo, nuestra lucha contra ella no debe ir más allá de lo conveniente, debe librarse con razón, con ventaja y sin sobrepasarse. Valga decir, al librar la lucha, debemos contar con la razón, tener la seguridad de vencer y no sobrepasarnos una vez alcanzada determinada victoria. De ahí la necesidad de investigar la situación de ambas partes, tanto la de los obreros como la de los capitalistas. Si sólo conocemos a los obreros y desconocemos a los capitalistas, no sabremos cómo celebrar negociaciones con éstos. En este terreno también hace falta investigar ejemplos típicos, hacer la disección de uno o dos "gorriones"; igualmente es menester emplear los dos métodos, el de ver las flores desde un caballo al trote y el de desmontar para ver las flores.

En todo el período histórico de la lucha contra el imperialismo y el feudalismo, debemos ganarnos a la burguesía nacional y unirnos con ella para que se coloque del lado del pueblo y combata al imperialismo. Después de terminada en lo fundamental la tarea de la lucha antiimperialista y antifeudal, todavía tenemos que mantener la alianza con ella durante un determinado tiempo. Esta manera de proceder es favorable para enfrentar la agresión imperialista, desarrollar la producción y estabilizar el mercado, así como para ganarnos y remodelar a los intelectuales burgueses.

Ustedes no han conquistado todavía el Poder y están preparándose para tomarlo. Frente a la burguesía nacional, se debe seguir la política de "unidad y lucha". Hay que unirse con ella en la lucha común contra el imperialismo y apoyar todos sus actos y palabras antiimperialistas, y asimismo luchar en Forma adecuada contra todos sus actos y palabras reaccionarios, opuestos a la clase obrera y al Partido Comunista. Es erróneo limitarse a un solo lado: Mera lucha sin unidad es error de "izquierda", y mera unidad sin lucha, error de derecha. Ambos errores los cometió nuestro Partido, y la experiencia fue dolorosa. Luego, resumimos estos dos tipos de experiencia y adoptamos la política de "unidad y lucha", luchando contra la burguesía nacional cuando era necesario y uniéndonos con ella cuando era posible. El objetivo de esta lucha era unirnos con la burguesía nacional para conquistar la victoria sobre el imperialismo.

En los países víctimas de la opresión imperialista y feudal, el partido político del proletariado debe tomar en sus manos la bandera de la lucha nacional, darse un programa de unión nacional y unirse con todas las fuerzas unibles, exceptuando, desde luego, a los lacayos del imperialismo. Debemos dejar ver a todo el pueblo cuán patriota es el Partido Comunista, cómo ama la paz y cómo quiere la unión nacional. Actuar así contribuirá a aislar al imperialismo y sus lacayos, aislar a los grandes terratenientes y la gran burguesía.

Los comunistas no deben tener miedo a cometer errores. Los errores tienen doble carácter. Por un lado, perjudican al Partido y al pueblo y, por el otro, son buenos maestros, pues educan muy bien al Partido y al pueblo, lo que es beneficioso para la revolución. El fracaso es madre del éxito. Si el fracaso no tuviera ventajas, ¿cómo podría ser madre del éxito? Cuando se ha cometido demasiados errores, necesariamente las cosas pasan a su lado opuesto. Esto es marxismo. "Una cosa se convierte en su contrario cuando llega al extremo"; cuando los errores se han amontonado, no se hará esperar la llegada de la luz.

lunes, 19 de noviembre de 2007

20 de noviembre - Aniversario del Combate de Vuelta de Obligado - Día de la Soberanía Nacional

"Vamos a asistir a uno de los más bellos y heroicos hechos de nuestra historia. La escuadra aliada va a subir por el Paraná. Rosas, que lo tiene previsto, ha venido preparándose para obstruir el paso. Dirigirá la defensa el General Lucio Mansilla, a quien Rosas le viene dando instrucciones. En su carácter de comandante interino del departamento del Norte, ha formado un pequeño ejército con gente de la comarca. Ha instalado baterías en las barrancas de Obligado. Algunas están a veinte metros de altura sobre el río. De orilla a orilla del Paraná, que allí tiene un ancho de ochocientos metros, han anclado los cascos de veinticuatro pontones que sostienen tres gruesas cadenas. Banderas argentinas sobre los pontones y dos mil quinientos soldados en las barrancas. Ha construido parapetos de barro, anchos de más de dos metros, para defender a las treinta y cinco piezas de artillería y ocultarlas. Hay mucho patriotismo y pocas municiones".

"Es el 20 de noviembre. Los grandes barcos de 'la misión de paz' se acercan. Las dos márgenes aparecen llenas de hombres vestidos de colorado. Son las nueve y media de la mañana. Himno Nacional. ¡Oíd mortales el grito sagrado! Un unánime y ardiente '¡Viva la patria!' lo termina. Tambores argentinos resuenan en la mañana de oro. ¡Fuego contra los infames agresores! De la parte de los patriotas salen proyectiles macizos, balas de las metrallas, cohetes a la Congreve. Pero los enemigos tienen ochenta y ocho cañones, todos de gran calibre. Y pasa la mañana en medio de la lucha heroica. Mansilla la dirige. A las cinco de la tarde termina el combate. Los buques extranjeros han logrado abrirse paso. Sus marineros y soldados desembarcan. Mansilla dirige personalmente una carga a la bayoneta para defender las baterías. Han muerto ciento cincuenta argentinos y han sido heridos noventa. Han caído también algunas mujeres que atendían los heridos. Un diario montevideano, sin embargo, declara que 'nunca, desde la paz napoleónica, hallaron franceses e ingleses tan heroica resistencia'. Toda la América admira el coraje y el patriotismo de los hombres de Rosas. La figura americana del Restaurador se agiganta. ¿Ha sido suya la idea de ponerle cadenas al río? Así nos autoriza a creerlo la carta que el jefe del puerto de Buenos Aires le escribe a Oribe por orden de Rosas, en la que le anuncia el cierre del Paraná. De cualquier modo, él no lo ha hecho con la esperanza del triunfo, sino como una afirmación simbólica del cierre de los ríos, como una afirmación de nuestro tenaz empeño de resistir hasta la muerte, de ser independientes y libres. A todo esto se preguntará: ¿y los Estados Unidos?, ¿y la doctrina de Monroe? Los Estados Unidos, por esos días, están ocupados en robarle a Méjico el inmenso territorio de Tejas... "

Texto extraído de Vida de Don Juan Manuel de Rosas, de Manuel Gálvez.

lunes, 5 de noviembre de 2007

Compañera, Camarada y Compatriota Cristina Fernández de Kirchner (Hugo Chávez)

Compañera, Camarada y Compatriota
Cristina Fernández de Kirchner
Presidenta Electa de la República Argentina

Querida Cristina, amiga mía: Compañera Presidenta,
Con el más hondo sentimiento de júbilo, saludo la gran victoria popular del 28 de octubre de 2007 como la más hermosa reafirmación colectiva y soberana de la Argentina que llevo y llevaré siempre en el corazón. Hablo en nombre de mi Pueblo, este Pueblo venezolano que ama entrañablemente al Pueblo argentino y que ha hecho suya vuestra victoria.

En una carta del 11 de septiembre de 1848 dirigida al General Ramón Castilla, San Martín habla de sí mismo de esta forma: Una reunión de americanos en Cádiz, sabedores de los primeros movimientos acaecidos en caracas, Buenos Aires, etc., resolvimos regresar cada uno al país de nuestro nacimiento, a fin de prestarle nuestros servicios en la lucha, pues calculábamos se había de empeñar. José de San Martín volvió a América, su América, en 1812, porque sintió el llamado en lo más íntimo de su alma y poseyó la suficiente fuerza de carácter como para no desoírlo. Nuestro compromiso, tú lo sabes, está en sentir ese llamado en lo más íntimo del alma, cada día, y tener la fuerza de carácter para oírlo y obedecerlo: es el compromiso que nos exigen nuestros Pueblos.

El gran Pueblo argentino votó por la continuidad del proceso de liberación nacional que comenzó en el año 2003 con el liderazgo del compañero Néstor Kirchner. Un proceso de liberación nacional firmemente arraigado en la memoria histórica: nada ni nadie pudo borrar al peronismo como encarnación de la esperanza popular y como expresión combativa del anhelo de justicia e igualdad de los descamisados.

Es por eso que el luminoso 28 de octubre de 2007 es un día de victoria para Mi general Perón: Perón ha seguido ganando batallas tras su desaparición física y estoy seguro que las seguirá ganando de cara al porvenir. El peronismo contemporáneo ha sabido recoger su bandera para retomar, con coraje y lucidez, el camino de la construcción de una Patria real y verdaderamente libre, real y verdaderamente soberana.

Recuerdo, ahora, aquellas 20 verdades que constituyen la matriz ideológica del ideario peronista y que fueron dadas a conocer por el General Perón el 17 de octubre de 1950. Recuerdo, sobre todo, la última de ellas porque creo que es la clave que le da sentido a todas: En esta tierra lo mejor que tenemos es el Pueblo. Esta inmensa verdad ha sido demostrada y ratificada, una vez más, el 28 de octubre.

Le tocó a Néstor abrir el camino para dejar atrás, definitivamente atrás, la larga noche neoliberal, recogiendo e interpretando el clamor insurgente del Argentinazo: merece y merecerá todo el reconocimiento por ello. Estoy plenamente seguro que con tu liderazgo, el proceso de liberación nacional seguirá avanzando a paso de vencedoras y vencedores.

Cristina:
Celebrar contigo esta victoria popular de Argentina es celebrar y honrar la viva presencia de Evita en el sentimiento nuestroamericano. Por esta razón hoy quiero recordar, junto a ti, unas palabras que pronunciara el 27 de enero de 1947: La mujer debe afirmar su acción. La mujer debe optar. La mujer, resorte moral de un hogar, debe ocupar su quicio, en el complejo engranaje social de un pueblo. Lo pide una necesidad nueva de organizarse, en grupos más extendidos y remozados. Lo exige en suma, la transformación del concepto de la mujer, que ha ido aumentando sacrificadamente el número de sus deberes, sin pedir el mínimo de sus derechos.

Me atrevo a decir, entonces, que tu rotundo triunfo electoral no es otra cosa que la esperada afirmación –esperada desde siempre- de la acción de todas las mujeres argentinas: el comienzo de la transformación de un concepto que, para que sea tal, ha de fundarse en el merecido lugar que le corresponde en el complejo engranaje social del Pueblo, y hacer valer, ahora sí, el máximo de sus derechos. A menos no puede aspirar la mujer argentina, como tú bien lo has dicho: Sé que podemos desarrollar una gran tarea por nuestras aptitudes especiales por haber sido ciudadanas de lo privado y de lo público, por haber articulado el mundo de la familia y de la militancia. Y por haber hecho bien las dos cosas.

Necesario es reconocerlo: Argentina y Venezuela todavía están pagando las consecuencias de un modelo político, económico y social desastroso y excluyente y que, por tanto, tenía que hacer caer todo el peso del desastre y la exclusión en la mujer. Me refiero al neoliberalismo. No es extraño, entonces, que a partir de la imposición del modelo económico neoliberal en todo el mundo es cuando comienza a hablarse de feminización de la pobreza. Si la pobreza tiene rostro de mujer, la Segunda Independencia de Nuestra América y su más profunda y efectiva emancipación tiene, también, rostro de mujer.

Querida Presidenta:
El 28 de octubre ha vencido la Argentina que ha hecho suya la causa de la integración y la unidad. Y pongo sobre todo el acento en la unidad como el gran trabajo político a largo plazo: largo plazo, sí, que podría acortarse en la medida en que exista la voluntad necesaria. Recuerdo siempre estas palabras de Perón en La hora de los pueblos: La integración de la América Latina es indispensable: el año 2000 nos encontrará unidos o dominados.

La alianza estratégica entre la Argentina y Venezuela es la reafirmación de dos Pueblos que decidieron andar unidos para nunca más ser dominados. Es una alianza estratégica ejemplar y modélica a la que hay que seguir fortaleciendo e incrementando porque prefigura, así lo creo, la gran unidad política que debemos construir. Ganémosle, Cristina, tiempo al tiempo. Y parafraseando a Perón, digamos ahora: el año 2020 nos encontrará unidos y liberados.

Vuelvo a recordar, una vez más, las palabras del Libertador, de 1818, en carta de Juan Martín de Pueyrredón, Supremo Director de las Provincias del Plata: Excelentísimo Señor: cuando el triunfo de las armas de Venezuela complete la obra de su independencia, o que circunstancias más favorables nos permitan comunicaciones más frecuentes, y relaciones más estrechas, nosotros nos apresuraremos, con el más vivo interés, a entablar, por nuestra parte, el pacto americano, que, formando de todas nuestras repúblicas un cuerpo político, presente la América al mundo con un aspecto de majestad y grandeza sin ejemplo en las naciones antiguas. La América así unida, si el cielo nos concede este deseado voto, podrá llamarse, la reina de las naciones, y la madre de las repúblicas. Completar la independencia de cada una de nuestras Patrias y entablar un nuevo pacto americano son los asuntos determinantes en la definición y construcción del presente y del porvenir. En esa dirección políticamente coincidente, avanzamos Argentina y Venezuela.

Querida Cristina:
Vaya para ti y para Néstor, el más fuerte y fervoroso abrazo. Quiero desearte el más exitoso desempeño en la continuidad del proceso de liberación nacional de la Argentina que ahora te toca liderar. Para ello, como bien sabes, tendrás a este tu amigo, como un soldado. Y a Venezuela como una leal servidora. Transmite a tu Pueblo todo mi infinito cariño, pleno de respeto y admiración, junto con el renovado sentimiento de hermandad del Pueblo venezolano. Un fraterno beso, amiga mía, junto con el testimonio de mi amistad.

¡¡¡Hasta la Victoria Siempre!!!
¡¡Venceremos!!
Hugo Chávez Frías