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miércoles, 21 de enero de 2009

DISERTACION DE LA PRESIDENTA CRISTINA FERNANDEZ EN LA UNIVERSIDAD DE LA HABANA


Disertación de Cristina Fernández en el Aula Magna de la Universidad de La Habana
martes, 20 de enero de 2009

Señor Vicepresidente; señor presidente de la Asamblea del Poder Popular; señor ministro de Educación; señor rector de la Universidad de La Habana; señor decano de la Facultad de Filosofía e Historia; amigos y amigas; demás autoridades de la hermana República de Cuba; comitiva que me acompaña; argentinos y argentinas que estudian aquí en La Habana: quiero decirles que me encuentro muy emocionada y con un gran reconocimiento hacia las autoridades de la Universidad por esta distinción que se le hace a mi pueblo, al pueblo argentino y a nuestra propia historia como argentinos y como latinoamericanos, al constituirse esta cátedra que si se me permite podríamos agregarle el nombre de Libertador, Libertador José de San Martín. Porque José de San Martín fue por sobre todas las cosas un hombre con una profunda mirada continental, pero también un hombre comprometido con la liberación de los pueblos del yugo colonial. Esto es lo que lo ha hecho grande y lo que lo ha hecho ingresar decididamente en la historia.

¿Cuál sería el mejor homenaje que podríamos hacer a la memoria de este hombre que junto a Bolívar y seguramente junto a José Martí son figuras señeras en la construcción de historia regional, de una historia propia. Es que muchas veces han querido escribirnos una historia que no es la nuestra, y estos tres hombres, si algo los ha distinguido es empeñarse en escribir la propia historia de sus pueblos. Por eso están definitivamente en la memoria de ellos.

Hablar hoy de José de San Martín significaría entonces dar una mirada regional a esta Latinoamérica tan castigada, con la tragedia de ser tal vez el continente más inequitativo en la distribución del ingreso, no el más pobre, pero también con la esperanza y la ilusión de una nueva etapa que se ha iniciado en América del Sur y que desde las distintas experiencias históricas y políticas de cada uno de nuestros pueblos hoy tiene una nueva realidad. Si alguien hace 10 años me hubiera dicho que yo iba a estar aquí en la Universidad de La Habana, como presidenta de los argentinos, inaugurando esta cátedra, en el día que en Estados Unidos, además, eligieron su primer presidente afroamericano, yo lo hubiera mirado y hubiera dicho "este hombre o esta mujer, quien dice esto se ha vuelto loco".

Pero no, aquí estamos y esto nos revela que los imposibles sólo existen para los timoratos o las timoratas que también las hay, no voy a hacer en esto una cuestión de género, pero significa esencialmente el despertar de toda una región, porque mi presencia aquí no es diferente de la presencia de un Evo Morales en Bolivia, o de un Lula da Silva en Brasil, o de un Rafael Correa, que sé que estuvo hace muy poco tiempo también en esta Aula Magna dando una conferencia magistral, el señor presidente de Ecuador; o de Hugo Chávez en Venezuela, o de Fernando Lugo en Paraguay, o de Tabaré Vázquez en Uruguay. Este nuevo surgir de la región, con gobernantes que como me gustó decir alguna vez por primera vez se parecen a sus gobernados, nos habla de una nueva realidad continental que es consecuencia absoluta y directa, aunque parezca una contradicción, de las políticas neoliberales que imperaron y se enseñorearon en la región durante la década de los 90 y que causaron tal vez una de las tragedias más importantes en materia de desigualdad social, de miseria y de hambre en los pueblos.

Pero además estar haciéndolo aquí en La Habana, en el 50º aniversario de la Revolución Cubana, le asigna a esta presencia ya otras que han venido y que seguramente seguirán viniendo a La Habana, el nuevo escenario que hemos podido construir a pesar de todo los hombres y las mujeres de la política y de los movimientos sociales en la América del Sur.

Una realidad que por cierto no es homogénea. Muchas veces cuando voy a otras latitudes, tal vez a las de los países más desarrollados, por lo menos en términos económicos, me interrogan acerca de lo que denominan muchas veces los populismos en América Latina. Nunca se entendió el surgimiento de movimientos nacionales de distintas formaciones y experiencias históricas de la región porque siempre se nos trató de ubicar con categorías de pensamiento que no eran las que nosotros hubiéramos elaborado. Aún aquellas que perseguían fines nobles, aquellas que perseguían objetivos de los cuales nadie podía apartarse, eran categorías de pensamiento y de construcción política elaboradas desde otras experiencias históricas y desde otras latitudes.

Creo que el desafío más grande que hoy tenemos los hombres y mujeres que constituimos esta nueva generación de dirigentes políticos latinoamericanos, y creo tal vez también una de las labores que debe abordar la cátedra, es darle forma y categoría de pensamiento latinoamericano a este fenómeno que se comenzó a dar en toda la región.

Hace pocos días estuvimos reunidos distintos presidentes y presidentas en Santiago de Chile, en La Moneda, convocada la Unasur con motivo de la crisis que se vivía en la hermana República de Bolivia. Convivimos allí distintos presidentes y presidentas de, reitero, de distintas experiencias políticas e históricas, incluso alguno tal vez antagónico o antitético con muchos de nuestros pensamientos y prácticas; sin embargo pudimos organizar un debate y fundamentalmente llevar a cabo una acción, porque los debates de ideas si no se traducen en hechos y resultados positivos quedan solamente en tormenta de ideas y no en realidades, pudimos producir un hecho tan importante como fue el apoyo a la democracia en la hermana República de Bolivia y a la investigación de graves violaciones a los derechos humanos que se habían cometido en el departamento de Pando. Y lo votamos hombres y mujeres que tal vez tenemos algunas diferencias respecto de otras cuestiones, pero pudimos construir en la región una línea de acción que consiste básicamente en el respeto a la democracia y a las formas organizacionales que cada sociedad se ha dado respecto a las voluntades de sus pueblos.

Esto se traduce también en la acción que hemos tenido como hombres y mujeres de la América del Sur acerca de cómo debe desarrollarse este mundo de profundos cambios en los cuales hoy más que nunca se necesita del debate de ideas en todo sentido y en todos los ámbitos, en lo económico y en lo político. Nunca como antes en la historia se han dado cambios tan vertiginosos. En 20 años, desde 1989 a la fecha, ha caído la Unión Soviética; la caída del Muro de Berlín significó la caída del paradigma que se había levantado en torno a una idea, en ese momento el socialismo, que había tal vez derivado en algo que poco tenía que ver con sus ideas originales y finalmente terminó derrumbándose el muro.

Algunos creyeron que la historia había terminado, algunos predijeron entonces que sobrevendría una democracia de carácter universal, que se prolongaría y que el progreso sería indefinido, pero tampoco nada de eso ocurrió.

Hace muy poco tiempo, todavía ni siquiera sabemos las consecuencias, también se derribó lo que podía ser el proyecto antagónico a ese Muro de Berlín, que podía ser ubicado tal vez como las torres de Wall Street o el capitalismo de mercado, sin control, sin regulaciones, en donde le mercado todo lo asimilaba y el Estado era absolutamente ineficiente.

Se planteó también entonces una visión de la globalización en la cual esa globalización era homogénea y hegemónica, donde una sola potencia dirigiría el destino de la historia y todo sería sine die en el curso del tiempo.

Finalmente los pueblos y la realidad demuestran que la historia jamás se detiene y que en realidad estamos ante un nuevo escenario mundial que va a exigir de parte de todos nosotros un gran esfuerzo intelectual y además hacerlo desde la perspectiva regional. Yo me atrevo a decir que frente a esta globalización que algunos pensaron homogénea y hegemónica vamos a ver una nueva, tal vez no globalización sino universalización heterogénea, multipolar y multicultural.

La expresión de este nuevo mundo puede verse a partir de entender que por sobre todas las cosas en este mundo que se avecina se necesitará coexistir con formas de gobierno que no necesariamente sean iguales en todas partes, porque son culturas diferentes, historias diferentes, son experiencias diferentes las que atraviesan al mundo contemporáneo.

Creo que el gran desafío, el gran ejercicio que nosotros tenemos que hacer hoy aquí en nuestra región, Latinoamérica, es precisamente centrar en la integración regional una de las claves de este nuevo escenario.

Nos ha dado resultados, hemos tenido momentos difíciles en la región como el que nos tocó vivir en la Cumbre de Río, aquella que se celebró en Santo Domingo, cuando a partir de un proceso que todos conocen entre las hermanas repúblicas de Colombia y de Ecuador, se estuvo en un momento al borde de la guerra entre dos países hermanos. Este hubiera sido un factor francamente desestabilizante para la región. Sin embargo pudimos, a partir de nuestras propias organizaciones y de nuestra propia construcción sortear este intríngulis, ese verdadero nudo gordiano que se había formado en el proceso de integración y relación de las naciones latinoamericanas, culminar esa experiencia en Santo Domingo en forma feliz. La experiencia de la Declaración de La Moneda, en el caso de la hermana República de Bolivia, también es un ejemplo de estas nuevas formas organizacionales de los propios países de la región para abordar su propia problemática.

¿Cuál es la característica por la que pudimos llegar a este resultado? Esencialmente el respeto a la identidad del otro, a su propia experiencia histórica y a la no necesidad de imponer nuestra visión, nuestra forma de pensar al otro, que es una de las claves que deberemos explorar en el mundo contemporáneo para construir un mundo en donde la paz y la convivencia no solamente sean un slogan.

Quiero decirles que el momento que atravesamos en los países de la región, los adelantos que hemos logrado, lo repetía esta mañana en el encuentro que tuvimos con los empresarios, tanto argentinos como cubanos, que culminaron un seminario en la mañana, es que las economías emergentes, y también en la región, hemos contribuido fuertemente al crecimiento de la actividad económica de la última década fundamentalmente, dos terceras partes de ese crecimiento se deben precisamente a las economías emergentes.

Hoy estos países, nuestros países, se ven amenazados por una crisis que nos viene desde afuera, plantarnos entonces en la necesidad de formular nuestro propio pensamiento en materia política, económica y social, no es entonces una cuestión solamente de ejercicio académico o ejercicio intelectual, obedece claramente a la necesidad de abordar un momento difícil en el debate de las ideas, que van a seguir en debate en el mundo, pero también saber que esas ideas necesitan de realizaciones y resultados para no ser solamente ideología.

Es un desafío fuerte el que hoy tenemos los hombres y mujeres con responsabilidades institucionales, aquellos que pueden tener responsabilidades académicas, y en general todos aquellos que de una u otra manera participan en la vida de un país, desde los trabajadores, desde sus organizaciones empresariales, desde sus dirigencias de profesionales, de sus niveles estudiantiles, de las organizaciones sociales, requiere un profundo debate en el cual demos cuenta de las grandes transformaciones que ha sufrido el mundo, pero también de la necesidad de reformas estructurales profundas en los organismos internacionales que verdaderamente representen el pensamiento y la acción de los distintos países del mundo y no de una de una sola potencia hegemónica.

Sería irreal si no me refiriera a lo que ha acontecido en el día de la fecha y que es la asunción del primer presidente afro americano en el país que se constituyó, luego de la caída del Muro de Berlín, en la primera potencia hegemónica del mundo. Debo decirles que su discurso del día de la fecha me parece confirmatorio de las buenas expectativas. Definiciones tales como que la seguridad no puede ser a costa de los ideales, en un mundo donde en nombre de la seguridad se han producido invasiones, ataques, violaciones a las soberanías nacionales, no deja de ser un elemento altamente positivo. Escuchar decir que el mercado es generador de riqueza pero que actúa muchas veces con irresponsabilidad y que por lo tanto es necesario vigilarlo y controlarlo, me parece también altamente positivo. Defender su modo de vida pero aclarar que no van a doblegar a nadie para que tenga el mismo modo de vida me parece absolutamente compatible también con el hecho del respeto a las formas que deciden darse los pueblos para gobernar y ejercer el funcionamiento de sus instituciones. Me parece también importante, estaba escuchándolo atentamente, definir que el crecimiento de un país no es solamente el que se refleja en los números, sino que es también el que se refleja en la calidad de vida de todos y cada uno de los ciudadanos. Pero por sobre todas las cosas tal vez lo más importante es que ha dicho que el mundo ha cambiado y que nadie puede ignorar los cambios que en ese mundo se han producido.

Creo que sin exagerar, ni tener tampoco ejercicios voluntaristas, que estamos ante un momento muy especial de la historia de nuestros países y del mundo. Va a exigir por parte de nosotros una gran dosis de inteligencia y de racionalidad para poder aprovechar un momento especial del mundo y además hacerlo con la fortaleza que hoy tiene la región, que ha definido claramente cuáles son sus objetivos. El último encuentro en la Cumbre de Río en San Salvador de Bahía, Brasil, la incorporación de la hermana República de Cuba constituye un hito fundamental en la construcción de ese nuevo regionalismo.

Regionalismo que es bueno también reconocerlo, fue defendido y se comenzó en la Cumbre de las Américas de Mar del Plata, un hito histórico en la región, cuando decidimos en las Américas que el ALCA no nos iba a ser impuesto porque teníamos otros instrumentos asociativos que hacían a los verdaderos intereses de los latinoamericanos. Y no fue fácil hacerlo en ese momento, porque muchas veces se confunde el ejercicio de la soberanía nacional con la declamación furibunda, o simplemente con el ejercicio mediático; pero la construcción de soberanía nacional, la construcción de independencia regional, tal vez no necesita palabras altisonantes ni ofensivas, sino hechos concretos y decisiones firmes a la hora de defender lo que constituyen principios irrenunciables de nuestros países y de la región.

Por eso creo sinceramente que la constitución de esta cátedra José de San Martín deberá abordar ese desafío pendiente que tenemos como región. Poder elaborar pensamiento propio, poder elaborar categorías de análisis propias, deducidas de nuestra propia experiencia histórica, de nuestra propia situación regional, del propio desarrollo de cada una de nuestras sociedades, diferentes, heterogéneas; y por eso es posible la integración, porque en definitiva cuando todos somos iguales no hay integración, el desafío de la integración no es entre los iguales, el desafío de la integración es entre los que somos desiguales y podemos tener experiencias y desafíos distintos; lo otro apenas es homogeneidad y muchas veces falta de discusión y de ideas.

El hecho, lo comentaba con algún periodista que me interrogaba hace ya algún tiempo en España acerca de los populismos en Latinoamérica, y la posibilidad de que el modelo de tal o cual país pueda ser exportado a la región, y por lo tanto pueda verse como un peligro, yo le contesté que no tuvieran miedo, porque eso deviene de cierta concepción colonial que siempre presupone que alguien va a dominar al otro y le va a transferir o va a exigir que tenga su mismo modelo político, institucional, ideológico; eso es un ejercicio intelectual propio de los que han vivido durante más de 500 años colonizando al resto del mundo. Esto no pasa en la región en la que hemos sufrido fuertemente el colonialismo, por el contrario, nuestra región ha sido una región libertaria, respetuosa de los principios de cada uno de los pueblos, de la autodeterminación de cada uno de los pueblos, una ley que es, fue y seguirá siendo sagrada para todos nosotros.

Por eso creo sinceramente en la experiencia de esta Latinoamérica impensable hace unos años, hace unas décadas asolada por dictaduras militares en un mundo bipolar, donde muchas veces las decisiones no se tomaban en base a los intereses del propio país o de sus vecinos sino en base al ajedrez internacional. Lo que es importante es que como región advirtamos que no podemos formar parte del ajedrez internacional, sino que tenemos que ser una región con pensamiento, con integración y con unidad, que es lo que nos ha ayudado a sortear las situaciones en las cuales hemos vivido, y que también nos ha permitido, a partir de construcciones de instrumentos de cooperación y alianzas económicas, dar origen a nuevas formas de vinculación, de cooperación y asociación económica que no tienen que pasar por la subordinación o por la hegemonía de uno o de otro, o por la expoliación de uno sobre otro, algo característico en la forma de vincularse en términos económicos hasta ahora.

Por eso hablaba también hoy por la mañana de la necesidad de construir nuevos modelos de negocios, nuevos modelos de asociación, de complementariedad, de cooperación que estamos desarrollando en la región, intraregión, en sus distintos países.

Mi presencia aquí en la hermana República de Cuba inaugurando esta cátedra, culminando el segundo seminario de empresarios, obedece fundamentalmente a esa vocación y a ese ejercicio de integración y defensa de nuestros pueblos. El hecho de estar aquí luego de 23 años que ningún presidente argentino pisara tierra cubana, es parte de ese ejercicio, de ese testimonio y de esa decisión de llevar esta voluntad de integración en serio y para siempre, porque creo que es la clave, no de la defensa de los gobiernos, sino de la defensa de los pueblos, porque en definitiva los que han sufrido las distintas tragedias que han significado las dictaduras son los pueblos, primero las de los militares en el mundo bipolar, luego las de la economía, con un agravante que nunca me canso de repetir, el neoliberalismo logra la trampa mortal de hacer creer que es la política la responsable de las tragedias sociales, por ineficiencia en materia de acción social, y no la economía. Desaparece entonces la política y solamente está para responsabilizarla de los pobres y de la tragedia social, cuando es realmente la economía la que gobierna y decide en definitiva lo que constituyó fundamentalmente la teoría neoliberal de los años 90.

Por eso el momento es óptimo, es difícil, pero yo quiero finalizar este desafío de poder desde esta cátedra y desde otros espacios del pensamiento, de la intelectualidad, de la academia, del sindicato, del trabajo, de todos los ámbitos de formular teorías y categorías propias de pensamiento, con una frase de José Martí que dijo "empeñarse en lo estéril, cuando es posible hacer lo útil, ocuparse de lo fácil cuando se tienen los bríos, las ganas y la fuerza de hacer lo difícil, es atentar contra la dignidad del talento". Y estamos en una casa donde el talento y la inteligencia son los instrumentos primordiales en todos nosotros para poder abordar los desafíos de una etapa diferente, en un mundo diferente, y tener la compresión del que el mundo ha cambiado y que también nosotros deberemos cambiar junto a él.

Para finalizar, un ministro de la posguerra italiana solía decir "hay que cambiar cuando la época cambia, a menos que se sea tan importante como para cambiar la época". Estamos ante un cambio de época, hacernos cargo de ese cambio de época y formular los nuevos paradigmas de esa época es el desafío que tenemos todos. Espero que esta cátedra Libertador José de San Martín, permítanme rebautizarla señor Decano, señor Rector, es un desafío que seguramente llevaremos adelante.

Muchas gracias y buenas tardes a todos y a todas. (Aplausos)

viernes, 25 de abril de 2008

Otra América está en marcha (Gildo Onorato, en Revista Venezuela ahora, enero/marzo de 2008)

Nuestra América, el Pueblo que trabaja y lucha (en palabras de Martí), a casi 2 siglos de los primeros levantamientos por la emancipación, se encuentra nuevamente alzando su voz, una voz que comenzó a oírse conforme se resquebrajaba el modelo de explotación y miseria del capitalismo neoliberal. Poco a poco se convirtió en Gobierno Popular y Democrático en muchos países de la región, y, junto a las voces de los oprimidos del Mundo, transforman cada gesta de autodeterminación popular en un estruendoso grito liberador de cada conciencia nacional.

Así, vemos como siglos de nuestra historia vuelven sobre nosotros para dejar ver nuestra responsabilidad histórica, cómo herederos de una tradición que reaparece en mil formas, pero que no pierde su esencia, sus sueños y su verdad. Una tradición atada al destino de los pueblos, destino que pudo ser silenciado por momentos, pero como la verdad no puede esconderse jamás, otra vez se presenta alegre y vigorosamente bella, ésta vez para no desaparecer.

El 9 de diciembre de 2007 en la Casa Rosada Cristina Fernández expresó una sencilla pero notable definición en la presentación del Banco del Sur ante los presidentes Néstor Kirchner, Hugo Chávez, Nicanor Duarte Frutos, Lula Da Silva, Evo Morales y Rafael Correa: “… En América Latina los gobiernos se parecen cada día más a sus pueblos…”

El imperialismo, después de desarticular la experiencia revolucionaria de los años 60’ y 70’, construyó un engranaje económico, político, y cultural de poder donde garantizó su supremacía tecnológica y militar a costa de la miseria de los pueblos. Esta gestión allanada por la represión, se fortaleció por la acción de los organismos internacionales, instituciones que actúan de acuerdo a los intereses de los poderosos. La caída del Muro de Berlín y la desaparición de la Unión Soviética acentuó aún más ésta tendencia hegemónica, y los países del Este Europeo quedaron también a merced del capitalismo.

Pero la llegada y la imposición de las políticas neoliberales en América Latina no se dieron de manera natural, no se trató de una tendencia inexorable en el curso de la historia sino que se trató de la aplicación de políticas impuestas a partir de la violencia generada por la represión, el hambre y la inestabilidad social.

“El fin de la historia”, “la aldea global” y “la muerte de las ideologías” comenzó a derrumbarse a partir de la resistencia popular y con su derrumbe también comenzó a cuestionarse el proceso de apropiación y de capitalización de las empresas trasnacionales y de los países imperialistas.

La democracia formal que le daba un manto de legitimidad al neoliberalismo en amplias capas medias e intelectuales progresistas, comenzó a desbordarse por la acción de los pueblos. Alternativas populares se abrieron paso frente al agotamiento del modelo, y mediante medios instituidos por el neoliberalismo logran llegar al Gobierno para expresar enormes transformaciones de acuerdo a las necesidades nacionales.

La heroica Cuba de Fidel fue por décadas la demostración de un proyecto alternativo y popular y la resistencia de las F.A.R.C.- EP consolidando en Colombia un poder dual durante los años del auge neoliberal y de una violencia sin fin, encontraron ecos de oxigenación y también la posibilidad de replantear su forma de intervenir en la política de la región.

La experiencia Venezolana con el Comandante Chávez marcó el inicio de una nueva etapa para nuestra emancipación. La caída del ALCA, el fortalecimiento del MERCOSUR, la experiencia ALBA, el proyecto del Banco del Sur, las permanentes reformas institucionales construyendo una democracia participativa sin precedentes, la justicia social conquistada, el intercambio comercial basado en la integración política y cultural, y otras iniciativas, están consolidando un polo de poder regional que dificulta la entrada de los intereses de los yanquis y sus socios.

Pero quizás el elemento que más preocupa a los poderosos del mundo es la recuperación por parte de los gobiernos de los recursos naturales. El petróleo, el gas, la tierra, el agua dulce y otras riquezas son una enorme fuente de riqueza y representan una gran posibilidad de desarrollo autónomo.

La notable hegemonía internacional de los EEUU se encuentra en crisis, con su violencia mundial, con su belicismo permanente. Su deslegitimación internacional y unílateralismo lo transforman en el imperio más asesino de la historia de la humanidad, y mientras más aumenta su vulnerabilidad más violencia genera.

Pero Nuestra América no le responde con violencia sino con propuestas alternativas, son autónomos de su poder los nuevos engranajes institucionales constituidos en la ultima etapa, la independencia económica genera fortaleza en los gobiernos, y los pueblos son protagonistas en esta gesta, el respeto y la solidaridad con la diversidad étnica y cultural de cada nacionalidad encuentran sólidas raíces que reconstruye lo mejor de cada historia de lucha para proyectarlo en el futuro.

En el 2007 la CIA y los agentes norteamericanos intervinieron decididamente en Venezuela durante todo el proceso de la reforma constitucional, operaron generando desestabilización en Bolivia por intermedio de las élites tradicionales de la regiones ricas de la “Media Luna”, amenaza desde la triple frontera a Brasil, Paraguay y Argentina con el argumento del terrorismo internacional, pretende impedir la consolidación de Gobiernos democráticos cómo el de Ecuador y el de Nicaragua, condiciona al gobierno De Lula mediante factores de poder económico interno aliados a sus intereses, y sobre el recién asumido gobierno de Argentina generó una maniobra internacional para sembrar un manto de sospecha sobre legitimidad en el manejo de los fondos durante el proceso electoral.

Es el gobierno norteamericano el que no respeta las democracias y la autodeterminación de los pueblos porque allí donde el gobierno no le responde desconoce la voluntad popular. Pese a la enorme crisis imperial todavía no hemos logrado romper el equilibrio en el cual se basa la supremacía Norteamérica. Este equilibrio injusto empieza a chocar con una receta esgrimida por países en todo el globo para cuestionar o discutir su hegemonía.

América Latina es vanguardia en este cuestionamiento basado en la recuperación de los recursos estratégicos, el desarrollo de Fuerzas Armadas Nacionales consustanciadas con los intereses mayoritarios de sus pueblos, amplia participación popular en el rumbo elegido y un enorme respeto a los valores culturales propios de cada país. Cada unidad nacional consustanciada con los intereses de las demás constituyen el renacer de una tradición revolucionaria que toma la forma propia que su pueblo le permite y le exige, y que se expresa en nombres propios, así Evo, Chávez, Lula, Ortega, Correa, el retorno del Peronismo transformador con Kirchner , la experiencia revolucionaria de Colombia y la vigencia de Cuba constituyen el motor de una nueva historia, retomando el legado de los primeros libertadores, de San Martín y Bolívar, y de todos los que dieron su vida para llegar a esta nueva etapa en Nuestra América, llena de esperanza y alegría, pero sobre todo artífice de su victoria liberadora.

lunes, 5 de noviembre de 2007

Compañera, Camarada y Compatriota Cristina Fernández de Kirchner (Hugo Chávez)

Compañera, Camarada y Compatriota
Cristina Fernández de Kirchner
Presidenta Electa de la República Argentina

Querida Cristina, amiga mía: Compañera Presidenta,
Con el más hondo sentimiento de júbilo, saludo la gran victoria popular del 28 de octubre de 2007 como la más hermosa reafirmación colectiva y soberana de la Argentina que llevo y llevaré siempre en el corazón. Hablo en nombre de mi Pueblo, este Pueblo venezolano que ama entrañablemente al Pueblo argentino y que ha hecho suya vuestra victoria.

En una carta del 11 de septiembre de 1848 dirigida al General Ramón Castilla, San Martín habla de sí mismo de esta forma: Una reunión de americanos en Cádiz, sabedores de los primeros movimientos acaecidos en caracas, Buenos Aires, etc., resolvimos regresar cada uno al país de nuestro nacimiento, a fin de prestarle nuestros servicios en la lucha, pues calculábamos se había de empeñar. José de San Martín volvió a América, su América, en 1812, porque sintió el llamado en lo más íntimo de su alma y poseyó la suficiente fuerza de carácter como para no desoírlo. Nuestro compromiso, tú lo sabes, está en sentir ese llamado en lo más íntimo del alma, cada día, y tener la fuerza de carácter para oírlo y obedecerlo: es el compromiso que nos exigen nuestros Pueblos.

El gran Pueblo argentino votó por la continuidad del proceso de liberación nacional que comenzó en el año 2003 con el liderazgo del compañero Néstor Kirchner. Un proceso de liberación nacional firmemente arraigado en la memoria histórica: nada ni nadie pudo borrar al peronismo como encarnación de la esperanza popular y como expresión combativa del anhelo de justicia e igualdad de los descamisados.

Es por eso que el luminoso 28 de octubre de 2007 es un día de victoria para Mi general Perón: Perón ha seguido ganando batallas tras su desaparición física y estoy seguro que las seguirá ganando de cara al porvenir. El peronismo contemporáneo ha sabido recoger su bandera para retomar, con coraje y lucidez, el camino de la construcción de una Patria real y verdaderamente libre, real y verdaderamente soberana.

Recuerdo, ahora, aquellas 20 verdades que constituyen la matriz ideológica del ideario peronista y que fueron dadas a conocer por el General Perón el 17 de octubre de 1950. Recuerdo, sobre todo, la última de ellas porque creo que es la clave que le da sentido a todas: En esta tierra lo mejor que tenemos es el Pueblo. Esta inmensa verdad ha sido demostrada y ratificada, una vez más, el 28 de octubre.

Le tocó a Néstor abrir el camino para dejar atrás, definitivamente atrás, la larga noche neoliberal, recogiendo e interpretando el clamor insurgente del Argentinazo: merece y merecerá todo el reconocimiento por ello. Estoy plenamente seguro que con tu liderazgo, el proceso de liberación nacional seguirá avanzando a paso de vencedoras y vencedores.

Cristina:
Celebrar contigo esta victoria popular de Argentina es celebrar y honrar la viva presencia de Evita en el sentimiento nuestroamericano. Por esta razón hoy quiero recordar, junto a ti, unas palabras que pronunciara el 27 de enero de 1947: La mujer debe afirmar su acción. La mujer debe optar. La mujer, resorte moral de un hogar, debe ocupar su quicio, en el complejo engranaje social de un pueblo. Lo pide una necesidad nueva de organizarse, en grupos más extendidos y remozados. Lo exige en suma, la transformación del concepto de la mujer, que ha ido aumentando sacrificadamente el número de sus deberes, sin pedir el mínimo de sus derechos.

Me atrevo a decir, entonces, que tu rotundo triunfo electoral no es otra cosa que la esperada afirmación –esperada desde siempre- de la acción de todas las mujeres argentinas: el comienzo de la transformación de un concepto que, para que sea tal, ha de fundarse en el merecido lugar que le corresponde en el complejo engranaje social del Pueblo, y hacer valer, ahora sí, el máximo de sus derechos. A menos no puede aspirar la mujer argentina, como tú bien lo has dicho: Sé que podemos desarrollar una gran tarea por nuestras aptitudes especiales por haber sido ciudadanas de lo privado y de lo público, por haber articulado el mundo de la familia y de la militancia. Y por haber hecho bien las dos cosas.

Necesario es reconocerlo: Argentina y Venezuela todavía están pagando las consecuencias de un modelo político, económico y social desastroso y excluyente y que, por tanto, tenía que hacer caer todo el peso del desastre y la exclusión en la mujer. Me refiero al neoliberalismo. No es extraño, entonces, que a partir de la imposición del modelo económico neoliberal en todo el mundo es cuando comienza a hablarse de feminización de la pobreza. Si la pobreza tiene rostro de mujer, la Segunda Independencia de Nuestra América y su más profunda y efectiva emancipación tiene, también, rostro de mujer.

Querida Presidenta:
El 28 de octubre ha vencido la Argentina que ha hecho suya la causa de la integración y la unidad. Y pongo sobre todo el acento en la unidad como el gran trabajo político a largo plazo: largo plazo, sí, que podría acortarse en la medida en que exista la voluntad necesaria. Recuerdo siempre estas palabras de Perón en La hora de los pueblos: La integración de la América Latina es indispensable: el año 2000 nos encontrará unidos o dominados.

La alianza estratégica entre la Argentina y Venezuela es la reafirmación de dos Pueblos que decidieron andar unidos para nunca más ser dominados. Es una alianza estratégica ejemplar y modélica a la que hay que seguir fortaleciendo e incrementando porque prefigura, así lo creo, la gran unidad política que debemos construir. Ganémosle, Cristina, tiempo al tiempo. Y parafraseando a Perón, digamos ahora: el año 2020 nos encontrará unidos y liberados.

Vuelvo a recordar, una vez más, las palabras del Libertador, de 1818, en carta de Juan Martín de Pueyrredón, Supremo Director de las Provincias del Plata: Excelentísimo Señor: cuando el triunfo de las armas de Venezuela complete la obra de su independencia, o que circunstancias más favorables nos permitan comunicaciones más frecuentes, y relaciones más estrechas, nosotros nos apresuraremos, con el más vivo interés, a entablar, por nuestra parte, el pacto americano, que, formando de todas nuestras repúblicas un cuerpo político, presente la América al mundo con un aspecto de majestad y grandeza sin ejemplo en las naciones antiguas. La América así unida, si el cielo nos concede este deseado voto, podrá llamarse, la reina de las naciones, y la madre de las repúblicas. Completar la independencia de cada una de nuestras Patrias y entablar un nuevo pacto americano son los asuntos determinantes en la definición y construcción del presente y del porvenir. En esa dirección políticamente coincidente, avanzamos Argentina y Venezuela.

Querida Cristina:
Vaya para ti y para Néstor, el más fuerte y fervoroso abrazo. Quiero desearte el más exitoso desempeño en la continuidad del proceso de liberación nacional de la Argentina que ahora te toca liderar. Para ello, como bien sabes, tendrás a este tu amigo, como un soldado. Y a Venezuela como una leal servidora. Transmite a tu Pueblo todo mi infinito cariño, pleno de respeto y admiración, junto con el renovado sentimiento de hermandad del Pueblo venezolano. Un fraterno beso, amiga mía, junto con el testimonio de mi amistad.

¡¡¡Hasta la Victoria Siempre!!!
¡¡Venceremos!!
Hugo Chávez Frías

jueves, 13 de septiembre de 2007

Neodesarrollismo: ¿Hacia dónde vamos? (Thetonio dos Santos)

28/09/2004, Río de Janeiro.-

El debate sobre el desarrollo vuelve a ocupar una posición central en las ciencias sociales y en la política latinoamericana. Él se ubica hoy día en el marco de la oposición entre las políticas de desarrollo y el dominio del capital financiero asentado en una "ortodoxia" monetarista bastante discutible por los efectos negativos que ha producido en la región.

Es muy interesante constatar la preocupación creciente de la región sobre la cuestión del llamado "desarrollo económico-social". En realidad está en el orden del día la recuperación del crecimiento económico en una región que se caracterizó por un alto patrón de crecimiento en los años 30 a 70 del siglo XX. Al mismo tiempo, en las décadas del 80 y 90 y comienzos del siglo XXI, tenemos una caída colosal de nuestro nivel de crecimiento, muchas veces inferior al crecimiento de la población, configurando una rebaja del ingreso per capita.

Es evidente que la caída del crecimiento está conectada con el aumento de la deuda externa registrado al final de los 70s y comienzo de los 80s, como resultado de la renegociación de las deudas anteriores a altísimas tasas de interés internacionales. Durante la década del 80 hemos enviado centenares de miles de millones por concepto de pago de intereses. Para lograrlo, nos hemos sometido al llamado "ajuste estructural" que consistía en el aumento de nuestro superávit comercial para pagar estos intereses.

Es evidente el contenido social negativo de esta política de contención de la demanda interna, particularmente de los salarios y de los gastos públicos. Para poner en práctica políticas tan impopulares, se necesitó de dictaduras militares o gobiernos de fuerza en general, se quebró el impulso de desarrollo del capital industrial naciente y de una clase media que apostara a la expansión de la economía y al desarrollo de nuevas actividades económicas. Se consolidaba así el cuadro de "reacción" en contra de las formas más avanzadas de desarrollo socioeconómico, iniciado con el régimen militar en Brasil, en 1964, a través del cual se selló un compromiso de sangre entre el capital industrial naciente y los intereses del capital internacional en toda la región.

Las renegociaciones de la deuda externa iniciadas en los años 1986-90 permitieron desahogar, en parte, esta situación con la rebaja de la tasa de interés en Estados Unidos y las concesiones realizadas finalmente por los acreedores, apoyados por sus Estados nacionales, cada vez más sometidos a los intereses del capital financiero.


Desgracias

El llamado Consenso de Washington, que se diseñó en 1989, abrió el camino para una nueva aventura económica de la región. Cuando la tasa de interés mundial se rebajaba drásticamente, optábamos por una política de aumento de la tasa de interés interna para atraer capitales del resto del mundo con el objetivo de cubrir un déficit comercial que generamos con políticas económicas de sobrevalorización cambiaria.

Los capitales financieros de corto plazo vinieron rápidamente para expropiar nuestras reservas acumuladas con la suspensión del pago de intereses. No siendo suficiente tales facilidades, exigieron también la venta de nuestras empresas públicas para abrir camino a sectores económicos que implantaron nuevas tecnologías y por lo tanto, obtuvieron una alta rentabilidad pues tenían le monopolio tecnológico. La telefonía y las comunicaciones en general, la electricidad y las fuentes de energía en general, las materias primas fueron las principales áreas donde se operó la entrega de riquezas a cambio de nada. Los recursos incorporados a las arcas fiscales fueron rápidamente absorbidos por el pago de colosales tasas de interés internas a los capitales foráneos.

Estas desgracias fueron sentidas drásticamente por la población que, después de un período de ilusión provocado por la entrada de importaciones y capitales de corto plazo y por los efectos deflacionarios de la política económica en curso en todo el mundo, finalmente votaron masivamente en contra de las políticas del Consenso de Washington.

Con el tiempo, lo único que quedaron fueron las arcas vacías de nuestros gobiernos, las deudas externas crecientes cuando salieron masivamente los capitales que entraron momentáneamente, la caída drástica de la renta nacional. Pero lo más dramático es el forcejeo por mantener las altas tasas de interés cuando ya no hay reservas ni empresas que vender. Ellas no logran atraer capitales del exterior y alimentan un gigantesco sistema financiero creado en torno de la deuda pública, fuente de transferencia de recursos de la población hacia los especuladores, convertidos en señores de la nación a través de un mecanismo llamado de "mercado".

En el momento actual, el capital productivo lucha para sacarse de encima este sistema de succión de recursos. Pero estos sectores del capital productivo se comprometieron muy seriamente con esas políticas en sus fases virtuosas para los capitales en general. Ahora tienen dificultad para presentar una resistencia política a los epígonos del capital financiero que señalan ahora frente toda la nación como enemigos de todo el pueblo. A falta de líderes progresistas propios, tienen que buscar una alianza con las fuerzas populares organizadas y sus expresiones políticas para presentar un programa con alguna consistencia y apoyo popular.

Estas son las motivaciones del neodesarrollismo. Pero a su lado están también las motivaciones de la mayoría de la población. Cabe a las fuerzas populares -que sufrieron dolorosas experiencias en estos años de degeneración económica- aprovecharse de la oportunidad para ampliar sus objetivos tácticos y producir un programa de transformaciones sociales y económicas que abran paso a una etapa superior para la región.

viernes, 31 de agosto de 2007

América del Sur: un desatino y un destino. De los estados-ciudad al Estado Continental Industrial (Alberto Methol Ferré)

Lo que voy a hacer hoy va a ser un retomar algunas ideas de un argentino que ustedes y yo estimamos mucho, y que pienso no han sido desarrolladas nunca suficientemente en la Argentina. Me refiero a las ideas de Perón, que repitió en varias oportunidades, respecto a tres etapas históricas fundamentales: los "estados-nación", los "estados continentales" y finalmente el horizonte último, un "estado mundial".

Ése era para Perón el marco básico de los siglos XX, XXI y quizás del XXII. Él sostenía que ahora estábamos en el pasaje de los Estados-Nación a los Estados Continentales, y que eso era la política mundial hoy; luego vendría el pasaje de los Estados Continentales al Estado Mundial. Entonces, reflexionando sobre ese acontecer, decía aquello de "el año 2000 nos va a encontrar unidos -o sea, con un estado continental- o dominados", porque en su pensamiento estaba que aquellas naciones que no lograran conformar un "estado continental" iban a desaparecer como centros de autonomía. Pienso que la historia hoy nos muestra que estamos en la batalla fundamental para el gozne entre la nación, las "nacioncitas" de América del Sur, y el estado continental de América del Sur.

¿Cómo y cuál es la realidad hoy, de los estados-nación? Está el órgano mundial de las Naciones Unidas, y la idea del estado-nación es la idea que se usa para todos los acontecimientos que hoy acaecen en la historia. El conjunto de todas las sociedades públicas se llama Naciones Unidas. Hay, según parece, 194 estados-nación en las Naciones Unidas.

En esas 194 está la China, el Uruguay, el Paraguay, los Estados Unidos, están las islas de Jamaica o Madagascar... Hay la multiplicidad más enorme de dimensiones y situaciones, para las que se usa el mismo concepto de "estado-nación". Entonces es indispensable hacer un discernimiento mínimo de ciertos tipos básicos de naciones.

En esos varios tipos de naciones podemos discernir, en el arranque, en el proceso de la historia, cuales fueron los Estados-Nación que se convirtieron en ejemplares en el mundo. ¿Cúales son? Fue en el centro mundial europeo, en el momento en que Europa era el centro unificador del mundo, y que comenzaba la revolución industrial, que apareció el primer estado nación arquetípico que fue Inglaterra, Gran Bretaña. Al iniciarse el siglo XIX, o sea en el momento de las luchas por la Independencia, emergía el primer gran estado-nación industrial del mundo, que iba a ser el poder hegemónico y paradigma de la modernidad. El segundo estado que se convierte en estado-nación industrial, en la primera mitad del siglo XIX, es Francia. Inglaterra y Francia se convierten así en los modelos del estado-nación industrial emergente. Por eso el primer gran economista de la sociedad industrial va a ser un inglés, David Ricardo, con su célebre obra “Principios de Economía Política” de 1817 -en plena lucha de nuestra emancipación-, y la primera reflexión orgánica sobre una sociedad industrial va a ser de un francés, Claudio de Saint-Simón, en su obra “El sistema industrial” de 1821. Ricardo y Saint-Simón, entonces, son el comienzo de un nuevo tipo de pensamiento, sobre un nuevo tipo de sociedad emergente y protagonista en el mundo. Los que no fueran estados-nación industriales iban a ser el coro de la historia, los comentadores de la historia, los receptores de la historia hecha por otros.

Eso, en la primera mitad del siglo XIX. Durante la segunda mitad se da la gran lucha alemana e italiana por la "unidad nacional". Para generar un gran estado industrial, Bismarck va a culminar la unidad alemana que había sido aprontada por el Zollverein, la unión aduanera entre los micro estados alemanes. Esa unidad permite el gran salto industrial de Alemania, que al término de la era de Bismarck se ha convertido en la primera sociedad industrial de Europa, mayor que la inglesa. Y en Italia, en forma menor, los industriales del norte, de Milán, de Turín, del Piamonte, generan la unidad italiana para ampliar su mercado y poder irrumpir en la lógica de los Estados que podían llegar a ser protagonistas de la historia. Luego viene, a fines del siglo XIX e inicios del siglo XX, un quinto Estado, esta vez en Asia. Es la irrupción novedosa de Japón, que inicia en el Asia el primer gran estado-nación industrial. Es un acontecimiento insólito en la época.

Hay, pues, cinco grandes estados-nación industriales que irrumpen en el siglo XIX como los dinamizadores. Estos cinco estados forman parte hoy del Club de los Siete. O sea que entre los siete países más ricos del mundo, más industriales del mundo, están los cinco que entraron al nivel de estado-nación industrial en el siglo XIX: Inglaterra, Francia, Alemania, Italia, Japón.

Pero hete aquí que en ese mismo siglo va a ir apareciendo un nuevo Estado al margen del centro mundial de poder. Ese estado al margen del centro es un estado de dimensión continental, lograda a través de una capacidad expansiva insólita, que durante el siglo XIX hace su expansión hacia el oeste: los Estados Unidos de Norte América. Con esa expansión, y con la victoria del norte industrial sobre el sur esclavista y agrario, a partir de 1865 se empieza a engendrar un nuevo, y gigantesco, estado-nación industrial. Que llega de océano a océano, porque ocupa gran parte de México: Texas, Nuevo México, California. Y ahí aparece la visión de Ratzel.

Federico Ratzel es un antropólogo alemán y el fundador intelectual de la geopolítica alemana. A Ratzel lo envían a Estados Unidos en la década de 1870, o sea en pleno despegue industrial de los Estados Unidos, y fruto de su viaje escribe, en 1880, "Los Estados Unidos de Norteamérica". Ratzel se siente allí como Liliput en el país de los Gigantes. Por ejemplo, él admiraba la eficacia de los ferrocarriles alemanes, y se encuentra que los Estados Unidos están atravesados por tres o cuatro líneas transcontinentales que van del Océano Atlántico al Océano Pacífico; y unas locomotoras que eran dos o tres veces más potentes que las locomotoras alemanas, porque para atravesar el continente entero en forma rentable la locomotora tenía que arrastrar muchos más vagones. Entonces ve todo lo europeo pero en proporciones gigantescas. Nacen los rascacielos, cuantitativamente todo adquiere dimensiones fantásticas. Ratzel es impactado hondamente por esta realidad.

Estados Unidos culmina el ciclo interno de su industrialización al completar su marcha hacia el oeste, alrededor de 1890. Ha cumplido la etapa de colonización interna sin incomodar a ninguna potencia, ya que todas estaban por entonces en Europa. La única víctima había sido México. Entonces ese nuevo actor, en las márgenes del centro de poder mundial, llega a los dos océanos y comienza, con el Almirante Mahan, con Theodore Roosevelt, el primer Roosevelt, la priorización del Océano. Tomar relación con el océano es tomar relación con el mundo. "Pensar el océano" es "pensar el mundo", porque casi las tres cuartas partes de la tierra son la masa marítima oceánica. De manera que los cowboys empezaron a transformarse en marines; o sea, a tener preocupaciones mundiales.

Los primeros que expresan ese cambio, Mahan, Roosevelt, Henry Cabot Lodge y otros, son llamados -porque es el término que se populariza en la época- "imperialistas". Porque miraban el mundo por primera vez, eran yankees que miraban el conjunto del mundo; antes no había ocurrido; antes era el asunto del Far West, una marcha interna. Ahora empieza la externa. Esa es la razón del conflicto con España, en Cuba y Filipinas, es la razón de la creación de Panamá, para la construcción del canal. Porque de ese modo Estados Unidos supera el problema de la comunicación marítima de sus dos litorales. El canal de Panamá le permite una comunicación inmediata y la posibilidad de tener la máxima presencia tanto en uno como en otro océano. Por ello también sobreviene la anexión, en el mismo año de la Guerra de Cuba, 1898, de Hawaii. Hawaii había sido invitada a la primera Conferencia Interamericana de 1898, cuando era independiente, pero en el año 1898 la anexan como camino a Oriente y camino a las Filipinas, que va a ser su base estratégica entre el sudeste asiático, frente a la China y el Japón, en el corazón del Extremo Oriente.

Todo ese proceso llama finalmente la atención de Europa, y Ratzel escribe sobre esto, que es decir sobre el mundo, sobre la geopolítica mundial. En esencia, Ratzel dice: la era de los estados-nación industriales, que ha sido el siglo XIX, ha sido derogada sustancialmente, porque de ahora en adelante, el siglo XX, va a ser la "era de los Estados Continentales Industriales".

De ahí le viene a Perón esa idea, que paradójicamente ningún argentino se ocupó en saber de dónde venía y por qué venía. Era un rótulo, pero no pensamiento, para la mayoría de sus propios compatriotas. Entonces Ratzel llega a la conclusión de que Europa está "liquidada", porque Alemania no puede enfrentar a Estados Unidos, Inglaterra tampoco, Francia tampoco. ¡Son paisitos! Estados Unidos implica varias Alemanias, Francias, Inglaterras. ¡Ninguno puede con la escala de Estados Unidos!

Se terminó el poder de Europa, se terminó Europa. Lo dice Federico Ratzel, que murió en 1904 y que advierte entonces: si Europa no se une y forma un nuevo Estado Continental, no va a tener ningún protagonismo más en la historia. Va a tener la ilusión, conservará la ilusión de que es todavía protagonista, pero en esencia hay otro que ya es más que ella entera. Y se interroga más: ¿Quién podrá hacerle frente a este poder continental que abre la era de los estados continentales? Si Europa se une y forma una Unión Europea, en una de esas puede. Pero hay que inventar un nuevo tipo de nación; si no, es la muerte. Y percibe que puede aparecer otro competidor: Rusia.

Rusia había comenzado, en la década de 1890 su despegue industrial, en algunas zonas básicas. Se mantenía igualmente como un gigantesco mundo campesino, pero al comenzar la Primera Guerra Mundial el producto industrial de Rusia era levemente mayor que el de Francia. Eso no se percibía con facilidad debido al gigantesco mundo campesino que envolvía esos núcleos industriales, y por ello parecía mucho más atrasada de lo que estaba. Y Ratzel concluye que si Rusia lograba mantener una industrialización acelerada, y unificaba las múltiples etnias que integraban el Imperio, entonces podía constituirse en el único poder continental capaz de enfrentar a los Estados Unidos de Norte América. Cuando dijo todo esto, anunció la lógica de la historia del siglo XX que hemos vivido todos nosotros. La anunció al comenzar el siglo. Los Estados Unidos, que para Ratzel eran ya el poder máximo, pero virtual aún, a principios del siglo XX, iban a lograr fructificar esa virtualidad de primer estado continental industrial, recién en la Segunda Guerra Mundial. Tardaron cincuenta años en hacer público y notorio, ante el mundo entero, que eran el máximo poder mundial.

En ese mismo instante del novecientos aparece la primera generación en América Latina que empieza a repensar la unidad continental. Es la generación de José Enrique Rodó, de Manuel Ugarte, de Rufino Blanco Fombona, de Francisco García Calderón, de la que luego derivarán Perón y otros. Estos del 1900, sin la percepción orgánica y sistemática de Ratzel, vieron lo mismo. O sea, advirtieron la emergencia del poder de los Estados Unidos, que se hace visible en la guerra de Cuba de 1898, y dijeron: Estados Unidos es el nuevo paradigma del poder. O los enanitos que nos hemos repartido en la crisis del Imperio Español hacemos la Patria Grande unificada, o estamos fritos. Es decir, no con la nitidez de Ratzel, con el armazón intelectual de Ratzel, pero los latinoamericanos del 900 sienten y perciben lo mismo: que las patrias chicas y enanas del sur no iban a ser nada si no se unían. Y entonces afirman que tenemos que pasar de los "Estados Desunidos del Sur" a los "Estados Unidos del Sur". Y ésa es la tarea que propone esa generación, en que por primera vez se repone -contemporáneamente a Ratzel- una política continental latinoamericana, para superar lo que para ellos era el enanismo de Argentina, Bolivia, Colombia, Chile, Ecuador, Paraguay, Perú, Uruguay, Venezuela, todos países enanos.

El primero que escribe de estas cosas es Rodó, con el Ariel, que aparece en 1900. Y él dijo ¡no! ¡Tenemos que repensar todo! Desde la unidad. Eso se había interrumpido desde 1826, con fracaso de Bolívar en confederar el conjunto de las repúblicas emergentes y fundar lo que él llamaba una Nación de Repúblicas Confederadas. Entonces esta reposición de la tarea unificadora se inicia en Montevideo, por inspiración de Rodó, con la realización, en 1908, del Primer Congreso Estudiantil Latinoamericano. Llegan estudiantes del Perú, de Chile, de la Argentina, de Brasil, del Paraguay, y es el comienzo de la organización de las juventudes latinoamericanas, promovido por Rodó. Él sólo podía persuadir a los que no eran adultos. Porque los adultos estaban en otro mundo, el mundo agroexportador hacia Europa. El Uruguay iba hacia Europa, la Argentina iba hacia Europa, Chile iba hacia Europa, nadie se comunicaba entre sí. No teníamos vínculos económicos serios entre nosotros.

Este proceso que estoy describiendo fue muy claro, y se dio inicialmente entre el año 1900, en que aparece el Ariel, y el estallido de la Primera Guerra Mundial en 1914. El argentino Manuel Ugarte es el primero que ofrece una síntesis, histórica y política, del conjunto de América Latina, en el libro "El porvenir de la América Española", publicado en 1910.

En abril de 1918 Manuel Ugarte es el único orador en el acto inaugural de la primera gran organización estudiantil, la Federación Universitaria Argentina, la FUA. Dos o tres meses después estalla la Reforma Universitaria en Córdoba, que le brinda nueva dinámica al proceso iniciado con el Ariel, dando cauces institucionales al movimiento juvenil universitario latinoamericano. El estudiantado es, entonces, el primer heredero del latinoamericanismo.

Pero el río siguió, y fue del mundo estudiantil que surgió la gran marea nacional populista. También fue de ese mundo que surgieron las primeras visiones políticas de la industrialización de América Latina, con el gran teórico inicial que fue Víctor Raúl Haya de la Torre y la Alianza Popular Revolucionaria Americana, el APRA. Haya de la Torre es la primera teorización general para superar las "polis oligárquicas" de América Latina. Polis oligárquicas, porque lo que se llamaron "naciones", en América Latina, fueron rótulos. Eran rótulos de algo que en realidad se trataba, tan sólo, de un conjunto de "ciudades antiguas". Porque el Imperio Español se descompone al iniciarse el siglo XIX, en un conjunto de "ciudades-estado antiguas". Son ciudades-estado antiguas que controlan un enorme hinterland, inimaginable para ningún europeo; pero eran ciudades-estado del tipo mediterráneo, formadas por comerciantes, terratenientes y artesanos, y el resto eran los ilotas. No votaban ni eran nada en el orden de la polis. Nada.

Pues, eso éramos nosotros: estados-ciudad antiguos, que controlaban espacios gigantescos agroexportadores. Pero no industriales. Todo parecido con una sociedad industrial era una casualidad. Por eso yo llamo al Centenario de la Argentina, en el año 1910, "el canto del cisne de la ciudad antigua". Era una ciudad anacrónica en sus bases, enormemente rica, si, pero de una riqueza que carecía de toda potencialidad porque todos los inventos eran de otros. Los inventos de la modernidad eran de otros. Acá, los grandes estancieros lo único que podían hacer era llevarse en el transatlántico una vaca para ordeñarla durante el viaje, para que la nena tuviera leche fresca. Y no podíamos exportar ninguna cosa con valor agregado suficiente. Ese era el fondo de la cosa. Con una gigantesca renta agraria comprábamos los objetos de la modernidad, teníamos la mímica de la modernidad, pero nada más que la mímica. Ese es el fondo de la cuestión.

Entonces hubo gente que se propuso convertir la mímica en realidad, y fue el surgimiento de las tres consignas básicas que yo intento sintetizar del nacional populismo latinoamericano, que se ha convertido en una palabra peyorativa de los sociólogos académicos, de los yanquis o antes de los rusos. El "populismo" era decretado inferior. Pero es el único pensamiento importante que surgió en América Latina desde sí misma, y generó a Haya de la Torre en Perú, a Vargas en Brasil, a Perón en Argentina, a Ibáñez en Chile, a Lázaro Cárdenas en México, a Rómulo Betancourt en Venezuela. Fue la primera oleada del nacional populismo en las viejas sociedades agrarias, cuya esencia era una ciudad antigua que domina el hinterland agrario que le rodea. Entonces, en realidad, es la República de Montevideo, no el Uruguay; es la República de Buenos Aires controlando el hinterland, un inmenso hinterland; y la república de Santiago de Chile, y así siguiendo. Donde las oligarquías controlaban todo. Bolívar los llamaba "los potentados que nos dividen". Las ciudades potentadas del mundo agrario o minero exportador.

Entonces comienza la gran lucha por "democratizar", que es la primera consigna del populismo. Pero para democratizar había que "industrializar", porque las sociedades agrarias no daban ocupación y empleo a la multitud. Entonces había que “industrializar”, que es la segunda consigna del populismo. Pero para industrializar los mercados eran ridículos, chiquititos. Argentina, la Argentina que Perón lucha para industrializar entre 1945 y 1955, tenía diecisiete millones de habitantes. Y Ratzel había dicho, en el 900: la Alemania de sesenta millones, superindustrial, ya no juega más el partido, porque no puede con los Estados Unidos... Entonces, ¿qué íbamos a industrializar?

Se trataba entonces de crear un mercado de escala, y ahí aparece el tema de la “unificación”, que es la tercera consigna del populismo sudamericano. Entonces, para democratizar había que industrializar, o sea ciencia y tecnología, y para eso había que “integrar”. Esos temas centrales son todo el nacional populismo naciente, la primera ola del nacional populismo, hecha todavía en los “países-parroquia”. Porque aunque añoran la integración, industrializan sustituyendo importaciones. Esto fue necesario, inevitable, pero a la vez la sustitución de importaciones se volvió un obstáculo a superar para la integración. Los microproteccionismos iban a dificultar el entendimiento con los países de al lado, y por último se iban a convertir en el gran freno de los intentos integradores de los años sesenta. De modo que nuestras naciones, Uruguay, Argentina, Perú, Venezuela, eran en realidad polis oligárquicas, ciudades antiguas que acotaron un gran espacio vacío, casi vacío, para el lobby agrario-minero-exportador. Y fuimos las últimas ciudades antiguas hasta la gran crisis mundial de 1929. No hubo antes ningún país con industrialización suficiente como para que esa industrialización incidiera en la vida del país hondamente. Eso empieza después de la crisis del 29. Ahí empieza la gran lucha por la generación de la sociedad industrial. Pero entonces todos los líos de entrecasa también juegan su papel. Porque les digo que Raúl Prebisch propone en la CEPAL -o sea, a escala de América Latina- lo que Perón hizo en la Argentina. Pero Prebisch, como sus amigos los socialistas independientes, estuvieron contra Perón, y él se hizo antiperonista. Es decir, se colaron los asuntos de la aldea, porque en las esencias, Prebisch y Perón significan lo mismo. Era el efecto de la lucha por la industrialización argentina que repercutía en el conjunto de América Latina.

Pero Perón representó, dentro del populismo latinoamericano, un nuevo paso, totalmente distinto de lo anterior. Porque Perón, en 1951, busca la alianza de Argentina y Brasil, pensando que la unión debe comenzar con un núcleo básico de aglutinación. Él decía, exactamente -permítanme que lo cite textualmente, de un librito sobre Perón que publiqué hace dos años-: “La unidad comienza por la unión, y esta por la unificación de un núcleo básico de aglutinación”. Para él, la alianza argentino-brasileña era ese núcleo básico de aglutinación de América del Sur. O sea, da un salto enorme con relación a todo el latinoamericanismo anterior: señala el camino principal. El pobre Rodó nos dijo: en el horizonte está la Patria Grande; pero no dejó táctica, no dejó estrategia, sólo dejó el horizonte. Después otros fueron elaborando ese horizonte, y empezaron a corporizarlo en otras cosas, otros pensamientos, y de ahí surgen los nacional-populismos. Pero Perón es el primero que indica un camino a seguir, el primero que transforma eso en una política sudamericana. Porque si no hay discernimiento de lo principal y lo secundario, es decir, si no se descubre y propone el camino principal de acceso a lo que se busca, distinguiéndolo de los caminos secundarios -que pueden auxiliar al camino principal pero que no conducen a realizar lo que se propone- entonces se marcha a los tumbos.

El camino constituye el alma de la realización del destino. Ese es el salto que logra dar Perón. Él dice: el camino fundamental para los Estados Unidos de América del Sur -él usa simbólicamente “América Latina” y políticamente “América del Sur”, pero eso es otro punto que no voy a tocar ahora- es el entendimiento de la Argentina con Brasil y con Chile, para generar un poder biocéanico.

Perón apela a Ibáñez. Ibáñez, siendo presidente de Chile en 1928, había llamado a Alejandro Bunge, uno de los primeros argentinos que batalló por la industrialización, desde la Revista de Economía Argentina, fundada por él en 1918, y desde la cual proclamaba la necesidad de unificar el cono sur hispanoparlante a través de un pacto regional. Entonces Ibáñez lo llama en el 28, porque quería hacer una unión aduanera -reparen en la fecha ¡1928!- con Argentina y los países hispanoparlantes del sur, Bolivia, Paraguay y Uruguay. No con Brasil. O sea que Ibáñez era un hombre con antecedentes y se daba cuenta que Chile solo era muy poquita cosa.

Siguiendo con la idea de Perón, la unificación tiene reglas y procedimientos. La Unión Europea no surge de la alianza entre Italia, Suecia y España, por poner un ejemplo. Eso podría ser una aventura simpática o un antecedente, pero la Unión se produce sólo cuando se unen Alemania y Francia, que son los países que destruyen dos veces a Europa entera. Esos sí pueden generarla, ésos son los únicos que la pueden unificar. Y eso lo percibieron Monet, Schuman, Adenauer, De Gasperi; todos ellos dijeron: se avanza en la unidad por el camino de la alianza franco-alemana, y sólo por ahí, porque ése es el camino principal. Y Perón descubrió que el camino de la unidad necesaria de América del Sur -no de la Argentina y Brasil, de América del Sur- era ése, y planteó ése camino. Entonces ocurrió que él no pudo, porque los amigos del Norte actuaron de forma tal que generaron la resistencia a la idea. Hubo un discurso de Perón a los altos mandos, es septiembre de 1953, que se hizo célebre, porque fue publicado en Montevideo poco después por un exiliado argentino, “antiimperialista” él, bajo el título “El Imperialismo Argentino”. Ahí fue cuando yo lo conocí, y conocí estas ideas de Perón, que para mí fueron la revelación de su pensamiento.

Mi opinión es que estamos asistiendo al comienzo de una nueva fase de la historia de América del Sur. Y deberíamos empezar por tratar de entender un poco mejor qué es América del Sur.

Es decir ¿en qué momento estamos? En el que todos colegimos que no hay solución para ninguno de nuestros países como solución solitaria. O sea que después de un largo periplo, volvemos a la situación en que se generó la Independencia. Los países hispano-sudamericanos no se independizaron por sí mismos. O debieron ser auxiliados desde más allá de sí, o tuvieron que ir más allá de sí para poder asegurar su independencia. Ninguno se quedó solo en su casa y dijo “soy independiente”, y se terminó el partido. Eso sólo ocurrió en México, en Brasil y en América Central. Las Provincias Unidas de América Central, en 1824 se declaran independientes y bastó, aunque luego se dividirían. Bolívar perdió la primera insurrección de Venezuela, recomenzó la batalla en Colombia, y desde Colombia liberó Venezuela. Y desde el sur pasa lo mismo. Argentina es el fragmento mayor de la descomposición que resulta de la Independencia hispanoamericana, pero en el proceso independentista fue parte de la unidad sudamericana. Cuando Sucre culmina la campaña libertadora del Alto Perú, se dirige a Rivadavia para hacerle entrega del territorio, como parte integrante del antiguo Virreynato, pero Rivadavia le dice que no, no la quiere, y Bolívar queda atónito. Era la oligarquía porteña, el alto comercio porteño, que quería que su moneda desplazara y dominara a la moneda de todas las provincias del norte, que era la moneda de plata del Potosí.

Entonces para ser independientes, como el núcleo militar de España en Sudamérica estaba en el Alto Perú y en el Perú, había que derrotarlos allí, y ése es el sentido de la campaña de San Martín. Y el Congreso de Tucumán, no declara la Independencia de la Argentina, sino la Independencia de América del Sur. Y San Martín libera a Chile, y O’Higgins apoya la campaña a Lima, y argentinos y chilenos van al Perú. En el manifiesto que San Martín dirige a los peruanos, les dice: queremos la independencia del Perú como hemos querido la independencia de Chile, para que la República de Chile y la República del Perú se unan con las Provincias Unidas del Río de la Plata, para formar una sola Confederación hasta Lima. Pero los unitarios le cortaron los víveres, y tuvo que dejarle el camino a Bolívar porque ya no tenía el apoyo de Buenos Aires, del alto comercio porteño, que era la importación inglesa.

Vuelvo entonces a la idea central: el rasgo común de nuestra Independencia en Sudamérica, en ese proceso que va de 1810 a 1830, es que se produce todo en conjunto, todos tuvieron que ir más allá de sí, o recibir desde más allá de sí, para alcanzar el poder de ser independientes. Y esto es lo que se nos repite ahora. Ahora estamos sintiendo la impotencia de los fragmentos que resultaron, del enanaje que resultó. Ese es el nudo. Entonces eso es lo que me parece más importante hoy

Pero esto no sólo lo sabemos nosotros. Entonces, cuando el Fondo Monetario Internacional prolonga la agonía de la economía argentina ¿por qué lo hace? Pero ¿acaso no sabemos qué poderes dirigen al Fondo? ¿Y por qué hay intereses que empujan y aprovechan esta situación? Porque quieren cortar esta alianza nueva y potencial que emerge desde 1991, que es la alianza argentino-brasileña. ¿Por qué? ¡Porque es el “cortocircuito” fundamental de la unidad de la América del Sur! Si eso se interrumpe, ¡adiós Unión Sudamericana! Porque sería como haber interrumpido el “cortocircuito” franco-alemán en Europa: adiós Unión Europea. Porque ¡con quién se puede aliar Brasil! Aliarse con Argentina es virtualmente aliarse con el resto.

Mientras que si se alía con Ecuador, ¿qué significa eso? ¿O con Uruguay? El asunto es la alianza de lo fundamental, y la alianza del Brasil con la Argentina es la alianza entre lo más importante del mundo sudamericano. Y sino, Brasil queda aislado; y pueden pasarle muchas cosas, en la Amazonia, etc., etc. Yo no pienso esto porque haya una suerte de “alevosía” norteamericana, no; pienso simplemente que ellos se sienten más tranquilos si en Sudamérica no se forma ningún centro de poder. Y el único centro de poder serio en Sudamérica lo puede constituir una alianza argentino-brasileña, porque nos arrastra a todos irremediablemente.

Por eso Argentina tiene que saberlo; si Argentina juega el partido como hasta ahora, sola, ¡Argentina está equivocada! ¡Su juego es mucho más amplio, es mucho más rico! Si insisten en actuar con las categorías de lo que se termina, de lo que ya no tuvo éxito, no tienen ningún destino. Tienen que asumir el pasaje que Perón llamaba del estado-nación al estado continental.

Lamentablemente esto no se hace en un baile ¡no! ¡Es un gran lío! Los pasajes importantes son grandes líos. ¿O qué queremos? ¿Lujo, regalos? Recuerdo que un mes antes del corralito, leí en La Nación un artículo de un señor, creo que era la mano derecha de Cavallo, donde decía “No queremos nada con el Mercosur, porque eso es poca cosa. Tenemos que aliarnos con los ricos, con Europa y con Estados Unidos.” Y yo decía ¿pero este señor piensa que los ricos están interesados en aliarse con él? ¡Qué iluso! ¡Un superenano aliado de los ricos!

Conferencia organizada por el FORO SAN MARTÍN PARA LA INTEGRACIÓN DE NUESTRA AMÉRICA, Centro Cultural Hernández Arregui, Buenos Aires, Julio 12 de 2002 (Selección)

viernes, 24 de agosto de 2007

Ejército y política-La Patria Grande y la Patria Chica (febrero de 1958)

Elaborado durante el exilio montevideano, con la colaboración del ensayista oriental Alberto Methol Ferré, "Ejército y política-La Patria Grande y la Patria Chica" fue escrito para responder al intento dictatorial de promover una Reestructuración de las Fuerzas Armadas que tenía por objeto quitarle toda base nacional y convertirlo en un ejército de ocupación, sometido a los debates ideológicos que implican su activa participación en el conflicto social del lado de los intereses oligárquicos. Un ensayo histórico y geopolítico revisionista orientado a ponerle un piso histórico a las luchas populares de esos días. "Un trabajo sobre geografía y política mundial, desde el punto de vista del hemisferio sur, y particularmente desde el Río de la Plata... Excuso decir que el encarar las cosas del mundo desde un ángulo propio es extraño a los hábitos de nuestra "intelligentzia", que cree formar parte del "otro mundo"..."

Y agrega sobre su método: "Rehuyo todo esoterismo, terminologías técnicas, y todo valor entendido para iniciados, que se utilizan generalmente para dar al profano alta idea del que escribe y ocultar el meollo de las cuestiones, induciendo a la creencia de que se trata de temas abstrusos. Y no es así: las cosas no son difíciles; las hacen difíciles los que quieren confundir para reservarse el monopolio de su manejo o para servir los intereses que medran en la oscuridad".

Ya desde la ilustración de la tapa, que muestra un planisferio que invierte la tradicional ubicación del Polo Norte "arriba" y el Polo Sur "abajo", el trabajo muestra su postura fuertemente polémica y una aguda crítica al sentido común impuesto desde la concepción del mundo de las potencias desarrolladas del hemisferio Norte. Amigo del desafío, Jauretche propone no dar la vuelta al mundo sino dar vuelta el mundo, hacer girar el mapa: "Siendo la Tierra redonda y estando en permanente rotación, el planisferio tradicional resulta el modo europeo de enfocar océanos y continentes. Sería natural en América Latina otro planisferio, que arrojara a las grandes potencias del Norte a los arrabales del planeta".

Apelando a la misma perspectiva, da respuesta a la reiterada consigna ideológica que pretende establecer el principio de la defensa nacional desde la "civilización occidental": "El hemisferio sur tiene particularidades que... no lo ubican -en términos de geografía política- ni en occidente ni en oriente, que constituyen alineamientos propios del hemisferio norte. Más aún, en términos económicos y sociales, no participa, o participa poco, del modo de vivir occidental; tampoco desde este ángulo se entiende a qué título ha de ocupar un puesto en el modo de morir occidental".

Responde, asimismo, al propósito de convertir el debate sobre la "reestructuración" de las Fuerzas Armadas que impulsa el gobierno de facto en un problema "técnico". "Mientras hemos tenido algo parecido a una Política Nacional, la técnica se ha adaptado a las necesidades de ésta, y no a la inversa... Y no puede ser de otra manera, sin necesidad de recurrir a Von Clausewitz diciendo que la guerra "es la continuación de la política por otros medios" o "la forma violenta de la política", con Von Treitschke. También lo ha dicho Nicolás Lenin: "La guerra es la parte del todo, y el todo es la política".

Y concluye: "Es previo, pues, determinar en qué consiste esa política: ¿somos una Nación o somos un apéndice?... Es el destino nacional el que está en juego, y debe intervenir todo el país en la discusión...". Por eso, afirma: "Me guía en este trabajo la preocupación de que el país tenga una Política Nacional, sabiendo que sin Política Nacional no hay ejército nacional y recíprocamente. Vamos primero a echar un vistazo por nuestra historia y veremos la correlación que una y otra han tenido, y cómo, muchas veces, la política nacional ha faltado en los gobiernos, y el Ejército ha sido su único depositario. Cómo se trató reiteradamente de destruir su carácter nacional para sustituirlo por un ejército de facción... Podremos así reconocer la estrecha relación entre "Política y Ejército"..."

Y definido así el título, Jauretche aborda el tema aludido en el subtítulo de la obra: "Dos concepciones opuestas han alternado en la política argentina: la que ha cuidado la conservación del espacio nacional original y la que lo ha sacrificado al triunfo de preocupaciones de orden ideológico... Desde el principio de la independencia se han enfrentado la política nacional y la política ideológica. Mientras hubo un ejército nacional, éste gravitó decididamente a favor de la primera, llegando a la desobediencia de San Martín y a la sublevación de Arequito. Las disgregaciones que ha sufrido el virreinato del Río de la Plata fueron queridas por los directoriales y unitarios de Buenos Aires, para quienes esa disgregación representaba disminuir las resistencias localistas a su preeminencia y facilitar su idea obsesionante de hacer "Europa en América". Más tarde la fórmula de que "el mal que aqueja a la Argentina es la extensión" daría justificación teórica a esta política de la PATRIA CHICA que se complementa con los intereses de una oligarquía naciente de "agiotistas y especuladores" vinculada al comercio de importación y, por ende, adversaria de la economía artesanal del interior. La libertad de comercio es su signo permanente, es decir, el desamparo de toda posibilidad de evolución armónica de una economía nacional. Distorsionado el país a favor del litoral y del intercambio de materias primas por materias manufacturadas, surgiría posteriormente una clase de grandes propietarios de la tierra que ligarían el país a ese sistema económico... en coincidencia con los intereses de Gran Bretaña.

"Como consecuencia de la destrucción de las bases de las economías regionales se creó un problema social que ahondó los localismos y lanzó a las masas populares a la insurrección. De esas oposiciones entre el interior y Buenos Aires surgieron las disminuciones territoriales que los ideólogos de Buenos Aires facilitaron deliberadamente abriendo el camino a la destrucción de la PATRIA GRANDE..."

"La disyuntiva entre la existencia de una Política Nacional y su negación está presente desde los primeros días de nuestra historia. Hay dos concepciones: la de la PATRIA GRANDE y la de la PATRIA CHICA. La que atiende al ser de la Nación en primer término, y la que posterga ésta, al cómo ser; la que pone el acento en la grandeza, y la que lo pone en la institucionalidad, en las formas. La primera tiene la tensión puesta en las campañas de la independencia, en el Alto Perú y en la Banda Oriental; es la que genera las epopeyas sanmartiniana y artiguista. Se siente continuadora de la política de España para el Continente, ahora para los americanos. Su ámbito es tan grande que sus hombres se llaman así, americanos, y no argentinos; esto lo iremos viendo a medida que nos achiquemos; ¡si apenas nos hemos salvado de llamarnos porteños!"

"Aquellos de entonces, que querían crear Europa en América, tenían una preocupación obsesionante: no se América... Así resulta hoy difícil, siquiera sea, pensar nuestro espacio según debió ser: hasta donde había antecedentes de población y dominio... Importa señalarlo... Para pensar hoy nuestra política nacional, necesitamos reconstruir mentalmente la Patria Grande..."
"Algunos han querido ver esta oposición entre Buenos Aires librecambista y probritánica, y el interior tradicionalista, conservador y por eso hispanoamericanista, una fatal disyuntiva entre el "siglo" y el pasado; y lo perdido, como una consecuencia ineluctable de la independencia. Suponen así que no tuvimos otra alternativa que los términos británicos o españoles del problema. La opción entre dos estructura coloniales, y esto no es cierto. Hubo en marcha una síntesis que hubiera constituido la política nacional, porque de la destrucción de las viejas condiciones surgió una fuerza nueva, que se apoyaba en el pasado pero que marchaba hacia delante, en demanda de una creación autóctona..."

"Es imprescindible tener conciencia clara de esto: la falsificación de la historia está dirigida a la adulteración de los objetivos; no es tan importante porque haya levantado estatuas donde debió levantar patíbulos, y patíbulos donde debió levantar estatuas; que haya dividido a sus actores en monstruos y santos, deshumanizándolos para hacerles perder carnadura humana... y desfigurado el paisaje de la historia con batallitas en campos de golf y héroes coloreados como los yesos de santería, para desvincularlo de su raíz telúrica y de toda posibilidad de identificación con el mundo en que vivimos."
"La gravedad de la adulteración consiste en que ha estado al servicio de una política planificada para dejarnos sin puntos de apoyo en el pasado, e impedir que, rectificando errores, retomemos los auténticos caminos de la historia. La historia se ha escrito no como tal, sino como propaganda y con aquel concepto de Sarmiento, "si es necesario mentir se miente", del que Mitre hizo una disciplina científica. Pues aquello era comprensible y discutible en medio de la ofuscación pasional, pero esto otro expresa un frío y deliberado propósito antipatriota. Así se ha tapado por años y años el rumbo de la PATRIA GRANDE para que los hombres de la PATRIA CHICA nos siguieran señalando el camino.."

Y como si estuviera haciendo referencia al presente, añade: "Es la hora del liberalismo, pero cada país lo condiciona a su realidad, y a sus intereses, y este olvido establece las diferencias sustanciales entre la línea económica seguida por los Estados Unidos y la seguida por nosotros. Porque Estados Unidos nacionaliza su liberalismo y lo abroga en cuanto él obstruye el desenvolvimiento nacional. Los constructores de la grandeza norteamericana sabían diferenciar el distinto grado de evolución de las economías y comprender que los países más atrasados necesitan proteger el desarrollo paulatino de sus industrias ante la competencia demoledora de la importación a precios bajos de los más adelantados..."

Y concluye, en su última página: "Parece que hubiera una contradicción entre este hoy y aquel ayer: pero no la hay. La PATRIA CHICA es siempre lo mismo: la cabeza de puente de ultramar; el desembarco político, cultural y económico; la contrarrevolución de la revolución de la Independencia. Y nuestra tarea, es la misma de los viejos hombres de la PATRIA GRANDE. Sólo desde ella podemos construir una Política Nacional".

martes, 24 de abril de 2007

CONFERENCIA “REALIDAD DE AMÉRICA LATINA Y LA ARGENTINA”, IMPARTIDA POR LA SENADORA NACIONAL, DRA. CRISTINA FERNÁNDEZ DE KIRCHNER

México, D. F., 23 de abril de 2007. -

Antes que nada, valga mi reconocimiento y el de todos los argentinos a la tarea desarrollada por El Colegio de México, no solamente vinculado, como bien lo reseñó el señor presidente, a acoger a los intelectuales argentinos que huían – y yo no voy a emplear ninguna metáfora- de la dictadura más sangrienta, que haya recordado nuestro país y al mismo tiempo por el altísimo rol, que le cabe en el diseño del pensamiento mexicano y del pensamiento latinoamericano, aspectos muy caros para todos aquellos que concebimos a la gestión del pensamiento, del saber como la reflexión como un instrumento más que apto para modificar el curso de la historia de los pueblos.

Por eso no dudé un instante, cuando me cursaron esta amable invitación, de venir a reflexionar, no a dar conferencia. En realidad me gusta más la reflexión y me gusta más el formato, que han hecho de una intervención previa y luego preguntas que seguramente compartiremos durante el almuerzo.

“Realidad de Latinoamérica y de la Argentina”, digamos que realidad de los últimos 50, 60 años, tal vez un siglo en toda la región hayan sido historias de rupturas: rupturas de la legalidad democrática. Gran parte de nuestro continente fue azolado por dictaduras feroces. No fue solamente en mi país, la República Argentina, también en la hermana República de Chile, en Brasil, en Uruguay, sería largo la historia y también rupturas de legitimidades políticas. Entendidas éstas como el apartamiento de las formaciones políticas, que muchas veces traicionan el mandato histórico para el cual surgieron y para el cual fueron convocadas y, fundamentalmente, por el cual fueron apoyadas por las distintas sociedades en los distintos momentos históricos. Digo, entonces, que son rupturas de legalidad democrática y de legitimidad política.

Y todas tienen que ver con la no viabilidad de las instituciones, con la inviabilidad institucional trágica, terrible, con la violencia durante el reinado de la denominada Doctrina de la Seguridad Nacional, en un mundo absolutamente bipolar. Son las rupturas las que sobrevienen a la caída del Muro de Berlín cuando se consolidan las democracias en América Latina, pero sobrevienen otras rupturas, tal vez más terribles, cuando son mucho más frustrantes para los pueblos: la traición de aquellos dirigentes en los cuales se confía el determinado proceso histórico que es la aquellos otros uniformados que utilizando las armas que el pueblo les había confiado y en el marco de esa Doctrina de Seguridad Nacional rompieron procesos democráticos.

Creo, entonces, que esa es la caracterización de una realidad con matices, con las diferencias propias de cada una de nuestras historias, particulares como visión, que es el escenario en el cual se desarrolla la vida latinoamericana del último siglo.

¿Cómo Argentina imbrica en estas dos rupturas? Y tuvo de las dos, como siempre los argentinos solemos ser y queremos ser lo más en todo, también en rupturas.

Una ruptura en 1976, que fue – digo yo- finalmente el corolario de algunas rupturas previas y que ya se habían insinuado como fuertemente perseguidoras del pensamiento, del saber, de la investigación. Me refiero a la “Noche de los Bastones Largos”, en 1966, lo que provoca, tal vez, el primer exilio de pensadores argentinos y educadores que se van refugiar en distintas partes del mundo ante los que consideraban peligrosos los libros, el saber y el pensar. Finalmente culmina, obviamente, en el episodio más sangriento, que fue la dictadura de 1976.

En materia de ruptura de legitimidades políticas, la Argentina ha tenido experiencias muy fuertes, trágicas también. La última deslegitimación política, la última ruptura de legitimidad política se produce en el año 2001, cuando un Gobierno, un espacio político multipartidario - por decirlo así - plural convoca a la sociedad a una gesta para unificar lo que había sido la Argentina de los años 90, con el Consenso de Washington, y no solamente no modifica absolutamente nada, sino que es más, profundiza el modelo, y como no podía ser de otra manera se quiebra la legitimidad política de un espacio político, que había llegado al Gobierno con algo más del 50 por ciento de los votos, un Gobierno que se inicia con una legalidad democrática y una legitimidad política, producto de ese apoyo de la sociedad a las propuestas que habían sido formuladas.

El año 2001 - ustedes lo saben - forma parte de los noticieros del mundo, como digo yo. Miles de argentinos en las calles, represión, más de 30 muertos en la República Argentina. Una vez más la tragedia, esta vez en el marco de una sociedad de instituciones democráticas y una Argentina que por momentos quienes teníamos responsabilidades institucionales, en ese entonces yo era Senadora Nacional. En realidad, cuando se produce la crisis todavía era Diputada y había sido electa Senadora Nacional y a los pocos días: el 10 de diciembre de 2001 asumo como Senadora. El entonces hoy Presidente era un Gobernador de un lejano Estado del sur argentino: Santa Cruz.

Pero todos aquellos que teníamos responsabilidades institucionales y los que no la tenían también tuvimos la exacta percepción de que el país se nos desintegraba entre las manos, era como que la Argentina se diluía en miles de partículas en el aire. Yo quiero recordar escenas, tales como bancos con chapa, la gente golpeando con martillos las chapas de los bancos. Cualquiera que fuera identificado como banquero, empresario o político corría serio peligro. Pasó a ser más riesgoso ser político, empresario o banquero que ser paracaidista en la República Argentina.

Todo lo que significó ese escenario, esa fotografía de la Argentina de 2001, una fotografía que se fue prolongando porque era todo producto de una fuerte frustración. Dicen que cuando más grandes son las expectativas y más grande es la ilusión, es mayor el grado de frustración que uno siente. Y no quiero hacer una interpretación psicologista de la política ni de la sociedad, pero lo cierto es que este fenómeno que se produce en términos individuales en cada uno de nosotros frente a determinadas expectativas, cualquiera sean las calidades de las expectativas, también se produce en una sociedad abierta. Ha habido una gran apuesta, de eso daba cuenta más del 50 por ciento de los votos, y entonces la frustración era simétrica a esa expectativa y por lo tanto la violencia.

Año 2003: el presidente Néstor Kirchner asume en un marco de legalidad democrática e institucional, el sistema por el cual se había instituido y que rige en la República Argentina y en la cual el Partido Justicialista concurre a elecciones, lo hace obtener el 22 por ciento de los votos, con lo cual queda en condiciones de ingresar en un proceso de ballotage. Pero lo cierto es que, a los pocos días, quien había obtenido mayor cantidad de votos, un coma y pico por ciento, aproximadamente más, renuncia a la posibilidad del ballotage y entonces se intenta un fuerte proceso de deslegitimación política en un país con una deuda externa, que era el 160 por ciento de su Producto Bruto Interno (PBI), con niveles de pobreza que alcanzaban el 57 por ciento, con niveles de indigencia en el orden del 30 por ciento, con el 27 por ciento de desocupación, asumía un hombre que solamente había obtenido en las urnas el 22 por ciento de los votos. Como siempre lo digo, medio en broma y medio en serio, era un presidente que tenía más desocupados que votos. Esta era la situación del Presidente Néstor Kirchner, al 25 de mayo de 2003.

El diagnóstico que habíamos elaborado como grupo político de la situación que vivía la Argentina, no en ese momento, porque hay una fuerte tendencia en ciertos sectores de la dirigencia política y también de los comunicadores sociales a analizar el episodio que sucedió independientemente de la historia, como si la historia y la política fueran hechos aislados e independientes que no tienen absolutamente nada que ver el uno con el otro, como si no hubiera una relación, una hilación histórica, dialéctica si les gusta más, de lo que sucede en la sociedades.

Y precisamente era en este análisis que yo precedía, de crisis de legalidades democráticas y crisis de legitimidades políticas, durante las etapas democráticas, era donde habíamos centrado nosotros el diagnóstico de cuál era la problemática argentina y que era necesario volver a unir el discurso con la gestión. Y la gestión con el resultado político concreto, medible de las ideas que uno expone en una campaña política.

Siempre digo que uno tiene ideas y las expone, algunos las encasillan bajo el membrete de ideología pero cuando estas ideas son puestas a la práctica, entonces adquieren el valor de la política. Porque son las ideas intervenidas por la realidad y hecha resultados. Y me parece que ahí está el gran valor de quienes demandamos el voto popular para tener la iniciativa política desde el aparato del Estado, ya sea en un nivel ejecutivo o en un nivel legislativo. Es preciso vincular lo que decimos que vamos a hacer con lo que hacemos, y esencialmente si esto, además, tiene resultados. Con esta caracterización de la problemática y de cómo deber abordarse la gestión se inicia el Gobierno, el 25 de mayo de 2003. En un país donde se llegó en un momento a decir, por parte de un dirigente político, que si hubiera dicho lo que iba a hacer, no lo hubieran votado, cosa que no solamente pensaba ese dirigente político también porque está visto que los que vinieron después hicieron exactamente lo mismo: dijeron que iban a hacer una cosa e hicieron otra, porque si no, si hubieran dicho lo que iban a hacer, seguramente, tampoco los habrían votado. Con lo cual, estaba la otra ruptura, de la palabra, del valor de la idea. Por eso la gente decía: “no importa lo que diga en la campaña, total cuando se llega al Gobierno siempre se hace otra cosa diferente”. Había una suerte de legalidad social, que cubría a aquellos que en política malversaban lo que era fundamentalmente las expectativas sociales. Pero se había producido un círculo perverso, donde ya casi de antemano quienes escuchaban sabían tal vez que lo que se decía no se iba a cumplir. Se imaginan ustedes el grado de escepticismo con que ese hombre de 53 años y el 22 por ciento de los votos, era mirado por la ciudadanía en general, y no por mala intención, simplemente por una cuestión de experiencia histórica de la sociedad.

Hoy, a casi cuatro años de gobierno, faltan pocos días para el 25 de mayo donde el presidente Kirchner cumplirá su cuarto año de gestión, podemos exhibir que aquellas ideas que algunos consideraban ideales de una generación que quería poner un modelo que era inviable, yo fui una fuerte opositora interna durante el gobierno menemista, como legisladora nacional. Muchas veces cuando disentía y votaba en contra de lo que entonces mi partido llevaba adelante, muchos me miraban escépticos y me decían que lo que nosotros planteábamos era inviable, porque el Fondo, porque las condiciones, porque el Consenso de Washington, porque la hegemonía, porque esto, porque lo otro, numerosos argumentos.

Lo cierto es que pudo ser llevado adelante un proceso histórico, político, institucional, social, donde al cabo de cuatro años se ha descendido a un 26 y pico por ciento la pobreza; por primera vez en más de una década, perforamos en un dígito el nivel de indigencia, el 8 y pico por ciento. Obviamente que son índices que todavía consideramos vergonzantes, pero comparados con esos iniciales de hace apenas cuatro años, la situación creo que es sustancialmente diferente, los índices de desarrollo humano muestran a la Argentina, esto lo dice Naciones Unidas, como el de mayor desarrollo humano en la región. Se ha vuelto a instalar en la Argentina la posibilidad de la movilidad social ascendente, algo que caracterizó al partido en el que milito hace muchos años, fue lo que lo hizo en definitiva liderar políticamente a la sociedad argentina durante décadas.

Aquella deuda externa que era el 160 por ciento de nuestro PBI, fue renegociada, no bajo los parámetros que se pretendían inamovibles e inmodificables, no, en absoluto. La Argentina sostuvo que el endeudamiento había sido en virtud de una suerte de timba financiera internacional, donde quienes iban a colocar sus activos financieros en la República Argentina bien sabían que era el único lugar donde se obtenía una rentabilidad casi ridícula en términos dólar, del 15 o 20 por ciento anual, en un mundo donde las rentabilidades no pasaban el 2 por ciento anual en cualquier espacio serio.

Asumir entonces, sostuvo la Argentina, el riesgo, es algo de buenos capitalistas. Todo aquel que coloca su activo financiero en una institución en la que le dan el 20 por ciento mientras que en el resto le están dando el 12, el 13, sabe el riesgo que corre al hacerlo. El mismo riesgo que corrieron de hecho los argentinos cuando casi se hizo desaparecer y desintegrase su sistema financiero. Las exportaciones, hoy, porque este es otro de los temas centrales también en el modelo desde el 2003, es el tema de volver a ser un país donde se produce, donde el trabajo no es solamente un valor de mercado, es fundamentalmente un valor social.

Hoy gran parte, yo diría el grueso del crecimiento argentino, está sostenido por este crecimiento vigoroso de la industria argentina, el aumento exponencial de sus exportaciones y de la calidad además de éstas.

Todo esto no es obra de magos ni de genios, sino simplemente de gente que creyó que un modelo diferente al que nos habían querido instalar desde el Consenso de Washington, era posible, viable y sustentable en la Argentina. No solamente era posible, era necesario, porque hemos hecho además los argentinos un duro aprendizaje. Los modelos enlatados, los modelos encorsetados en términos económicos que presentándose adalides del capitalismo, una contradicción insalvable, incomprensible, sostienen que hay que reducir el consumo. Yo no entiendo a estos capitalistas que dicen que la gente tiene que ganar poco, porque en definitiva una de las claves del capitalismo es el consumo, creo que todos estaremos de acuerdo con que el Muro de Berlín se cayó, entre otras cosas, porque los del otro lado querían venir a consumir y a vivir como los de este lado. Creo que, más allá de otra elaboración que uno pueda hacer de carácter ideológico, económico, militar, etcétera, es ésta la clave en definitiva.

Nos proponían curiosamente, desde las pretendidas usinas del capitalismo mundial, que en realidad la política era del ajuste permanente, del bajo consumo, la de la alta tasa de desocupación, y esto se demostró inviable.

En síntesis: este modelo del 25 de mayo del 2003 no es un modelo como algunos quisieron tacharlo de ideologisista, casi peyorativamente, porque se advierte cuando desde algunos círculos se tacha a la ideología como un artículo casi de lujo para intelectuales trasnochados. No, eran ideas, eran modelos claros y concretos que fueron puestos en práctica y que tuvieron resultado. Vuelvo entonces a lo del principio, la idea, la ideología- si les gusta más- que interviene en la realidad gestiona, hace, y obtiene resultados. Es el círculo para poder convertir a las ideas en política y, fundamentalmente, a la política en el instrumento que mejore la calidad de vida de la gente. Allí sí voy a centrarme en el más puro rincón de la ideología, para qué sirve la política, si para un ejercicio de administración virtuoso de determinados funcionarios o de partidos políticos, o sirve en definitiva, para mejorar la calidad de vida de nuestras sociedades que, es esto por lo menos los que como yo y tantísimos otros, concebimos como la finalidad de la política y nuestro compromiso con la realidad que nos circunda.

Esto es brevemente lo que quería comentarles acerca de la realidad argentina, de la inserción también en América Latina, donde hemos retornado, Argentina se había ido de América Latina prácticamente. No voy a olvidarme nunca, en el Congreso de la Nación, una vez un ministro de Relaciones Exteriores de la República Argentina, que ya falleció, que formó parte de la década de los noventa, sostuvo que para qué vamos a ser amigos de los pobres si podíamos ser amigos de los ricos, si podemos ser socios de los ricos, lo recuerdo como si fuera hoy. El problema es que algunos ricos de este planeta me parece que no quieren socios, quieren empleados. Me parece que el tema central era volver a plantarnos en el mundo, no para aislarnos y negarnos al resto del mundo, sino primero para reconocernos en nuestra condición de latinoamericanos, del espacio común y concreto que tenemos que trabajar para de allí presentarnos al mundo, porque es obvio que nadie piensa que, en un mundo globalizado, es posible la independencia total y absoluta. Pero sí me atrevo a un razonable grado de autonomía que garantice la sustentabilidad de nuestras sociedades en un mundo globalizado.

Esto es lo que propiciamos cuando decimos retornar a América Latina y de allí al mundo. Es lo que queríamos contarle hoy al COLMEX aquí en México. Muchas gracias por haberme invitado, los invito a comer porque sino me van a odiar. (Aplausos)